miércoles, 26 de diciembre de 2012

Edición y librerías: abordar juntos la crisis


Edición y librerías: abordar juntos la crisis

Las librerías están muy tocadas. Y la edición también. Los últimos meses han visto el cierre de un número considerable de estos puntos de venta, y los comentarios que se escuchan de los comerciales ahondan en la idea de más cierres a corto plazo. La edición tiene que entender que una producción a la escala como la que se está haciendo es imposible de sostener por las librerías. Me da que pensar si no habría que poner cupos a la producción para estar en las librerías. El espacio de librerías es finito y la producción tiende a infinito. Por tanto, el modelo es insostenible. Y hay algunos temas en los que considero que la edición puede echar una mano a la librería.
Por un lado, y para facilitar la venta a bibliotecas públicas, ofrecer los libros en depósito y se facturan cuando las bibliotecas pagan. Y por otro, el compartir la escala de descuentos. Digo esto porque hace unos días dos libreros de dos ciudades diferentes me comentaron el mismo problema. Ambos tenían pedidos de bibliotecas a 14 ejemplares de cada de unos 80 títulos y me decían:
—No sé pero creo que no los voy a servir, los tengo que pagar al distribuidor a 60 días y cobraré a 10 o 12 meses. No tengo capacidad financiera para aguantar 5 o 6 pedidos como estos.
Yo le señalé:
—Habla con tu distribuidor y que te haga un depósito de esos títulos. Si lo hablas previamente con cada editor te lo facilitarán. Los libros en los almacenes del editor no ganan cuerpo como el vino. Y otra cosa. Podemos compartir la escala del descuento a realizar a la biblioteca: 5% el librero, 5% el distribuidor y 5% el editor. Así ganamos todos y no se pierde ninguna venta.
El problema que se plantea de fondo no es ni más ni menos que la limitada capacidad financiera de aguante de las librerías independientes, y la carencia de un pacto abierto entre los distintos eslabones de la cadena del libro en circunstancias tan delicadas como las que atravesamos. Se imponen a mi juicio varias cuestiones a cerrar de manera inmediata:
  • Pacto Nacional por el libro.
  • Plan Nacional de Defensa de la Librería.
  • Congreso Nacional del Libro.
  • Grupo de trabajo sobe la reinvención de la librería.
  • Plan anticrisis para incentivar el consumo de libros en librerías.
  • Formación de un sello de calidad para librerías.
  • IVA cero en el libro (digital o papel, y si no es posible por imposición de Bruselas, el superreducido tanto en papel como digital).
  • Deriva de todas las compras institucionales hacia las librerías de planta a calle.
  • Retirada de los carritos de compra de las webs editoriales.
  • Apoyo financiero y medidas de desgravación, fondos ICO de créditos blandos, apoyo por desgravación a la política de alquileres en los barrios para librerías.
  • Código de buenas prácticas del sector.
  • Apoyar la agrupación de las librerías en cadenas.
  • Formación de redes y comunidades: lectores-librerías-edición independiente.
  • Puesta en marcha de un canal de televisión sobre el libro en Internet Constitución de un centro nacional de formación en torno al libro de carácter intergremial.
  • Puesta en marcha a partir de DILVE de una plataforma de ebooks de libreros y editores independientes, tanto con descargas como en la nube para la venta a bibliotecas públicas y académicas.
  • Campaña de explicación de la propiedad intelectual y de por qué hay que comprar en librerías con presencia de libreros y editores en colegios e institutos, mediante charlas periódicas.
Para finalizar, reitero que la defensa de las librerías no pasa tanto por discursos ampulosos como por el desarrollo de arquitecturas organizativas y estructurales del sector y sus mercados mucho más complejas. Y en este reto la edición independiente debe comprometerse.
Hace unas semanas leí que el Gobierno Británico había encargado un estudio (Informe Mary Portas) sobre el futuro de las calles comerciales, y entre las recomendaciones del informe aparecían la conveniencia de abrir librerías en esas calles reduciendo las rentas y alquileres a ese tipo de comercio equilibrando así la competencia de los minoristas de Internet, facilitando el parking gratuito y una tasa única impositiva. Pero el hecho importante a destacar es que la librería aparece como un tipo de establecimiento de marcado carácter estructurador del propio barrio. A ver si por estas latitudes vamos haciendo algo semejante. Es por ello que el objetivo de reinventar la librería, siendo intrínsecamente difícil, nos pone ante el reto de hacerlo extremadamente fácil. En una ocasión le escuche a Valeriano Bozal decir que a las librerías le pasa como a los bares, cuantos más hay más venden. Recupero la frase de Lola Larrumbe (Librería Alberti): hacer libros es un arte pero venderlos es un milagro.
http://www.expansion.com/2008/04/21/empresas/1114492.html

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