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miércoles, 11 de julio de 2018
martes, 22 de noviembre de 2016
¡Libros de a peso!
GUADALAJARA, JALISCO (20/NOV/2016).- "¡Libros a peso!”, los enseñó a decir su padre los domingos en La Lagunilla. Con la devaluación, el eslogan luego pasó a “¡Libros a diez pesos!”; pese a los altibajos en la economía nacional, el negocio familiar y la tradición permanecieron. Los hermanos López Casillas se han dedicado a la compra-venta de libros usados y antiguos prácticamente desde la infancia.
La séptima edición de la Feria del Libro Usado y Antiguo de Guadalajara, con sede en los portales del Palacio Municipal y el Andador Pedro Loza, reconoció a la familia López Casillas con su homenaje al librero, por sus cerca de ocho decenios de práctica profesional en el mundo del libro usado y antiguo. A propósito de su visita a Guadalajara, platicamos con Francisco, Fermín, Leonardo, Lucila, Marina y Mercurio, seis de los integrantes de esta familia. Fue en el nuevo Centro Cultural FLUYA (coorganizadores de la mencionada feria del libro), donde los hermanos se remontaron en la memoria hasta los comienzos de esta tradición, su evolución y los diferentes caminos que han tenido cada uno de ellos con sus librerías.
Leonardo apuntó el dato: al haber nacido trece hermanos, en la familia confluyen dos generaciones, con proyectos, caminos y visiones diferentes en la compra-venta de libros usados. Incluso cada uno tiene sus propios recuerdos de cómo comenzaron sus padres, agregó Fermín.
Su padre Ubaldo López, Bertha Casillas (la madre) y su hermano Nicolás arrancaron con el negocio de venta de discos y revistas, alrededor de 1940. Francisco recordó que el origen del negocio fue en plena calle, además de La Lagunilla (donde ya sumaron los libros), para después consolidar su presencia con librerías. La Lagunilla, un lugar de visita obligada para quienes buscaban libros y antigüedades, fue un espacio de formación para los varones de la familia, pues religiosamente domingo a domingo asistían para aprender el oficio.
Más allá de dicho espacio, Leonardo señaló la importancia de montar una librería, pero no como solían (y suelen) ser algunas librerías de usados donde hay que escarbar entre los libros revueltos: su padre era un obsesivo del orden, por ello en sus libreros siempre imperó la organización de los títulos según sus temáticas. Un beneficio de tener todo ordenado, afirmó Fermín, es el servicio al cliente, pues facilita la búsqueda de libros.
La primera librería de esta familia fue Librería Otelo, en la calle Hidalgo de la Ciudad de México. Más tarde encontrarían un espacio icónico en la calle Donceles, en pleno centro de la capital mexicana. Librería Regia, La Última y Nos Vamos, La Casona de Aura, La Torre de Viejo, Librería Ahuizote, El Mercader de Libros son algunas de las librerías que han fundado.
De las temáticas, la preferida de Ubaldo era la historia. Otra novedad que incorporó a su concepto de librería fue el apelativo: “librerías de ocasión”. El término, dice Francisco, tiene una explicación: son libros que muchas sólo en una ocasión lo puedes encontrar.
Pero esa característica de encontrarse con un libro que tal vez nunca más veremos no es exclusiva de los visitantes a las librerías. Los propios libreros sufren ese aciago destino. Por ello, recuerda Leonardo, antes de vender un preciado ejemplar su padre siempre les decía: “Despídanse, porque no lo van a volver a ver. Denle un beso”, y lo hacían. Mercurio añadió que con trece hijos para su padre era un lujo conservar algún ejemplar, incluso cuando eran de sus favoritos de historia. Algunos libros, efectivamente, jamás volvieron. Entre el sinfín de joyas que han vendido, Francisco recuerda que alguna vez vendió un catálogo de Álvarez Bravo, de los años cuarenta: “Lamento el precio en que lo vendí y lamento haberlo vendido”, ese libro jamás ha regresado.
Han sido millones de libros los que han pasado por sus manos. Francisco aclara que obviamente no los han leído todos, pero por lo menos sí han leído todos y cada uno de los títulos y su pie de imprenta, para conocerlos mejor. “Los libros me llaman”, era una frase recurrente del padre, pues tras haber visto una miríada de ejemplares, los hermanos han afinado su vista para detectar los ejemplares que les interesan.
El más joven de los hermanos, Mercurio, se ha especializado en la investigación y valoración de los libros, en parte por sus gustos personales. Con un gusto por la historia del arte y una colección de libros ilustrados del siglo XVIII, XIX y XX, sabe a la perfección que para tasar algún ejemplar es necesario revisar bibliografía, catálogos, comprar cómo se ha vendido un mismo libro en otros sitios, etcétera. Al ponerle precio a un ejemplar, los clientes potenciales pueden sorprenderse por ideas preconcebidas: “La gente piensa que un libro será más valioso por ser viejo y grande, pero no es así”, dijo Mercurio.
Aunque no sólo los libros valiosos “valen”: los hermanos recuerdan a Juan y Ubaldo (hermanos que no estuvieron presentes en la charla) quien los enseñó a aprovechar al máximo todo el libro que les llegara. “Todo el libro vale, incluso la minucia”: la clave está en encontrar el precio justo, y para ello se necesita conocimiento del mercado.
Lucila, de las hermanas mayores, fue contadora de formación, trabajo que ejerció durante 33 años. Su aprendizaje se dio más con sus hermanos, pues el padre de rehusaba a que las mujeres lo acompañaran a laborar. Comenzó su negocio libresco alrededor del año 2000, luego de jubilarse. Por esos años, los hermanos también abrieron librerías al Sur de la Ciudad de México, cerca de Coyoacán.
Una de las hermanas, Marina, valora la educación que les dio el padre, pues ayudó a la formación de cada uno de ellos. Las disciplinas en las que se especializaron son tan distintas como las secciones de una librería: desde la psicología, antropología, docencia, matemáticas y contaduría.
El ambiente familiar, afirmó Lucila, era el de las constantes pilas de libros: con la enseñanza de su padre, todos aprendieron a amar el conocimiento transmitido por los libros. Pero también por su madre, Bertha, a quien califican como una lectora voraz, que devoraba novela tras novela en sus ratos libres.
Otra lección mayor fue el gusto por el aprendizaje, que todos adquirieron hace la diferencia al atender una librería, pues ello implica un mayor saber del negocio. Además de los hermanos, por las librerías de los hermanos López Casillas han trabajado muchísimos empleados en todos estos años, muchos de ellos han emprendido sus propios negocios, como César Vargas (quien en Guadalajara vende libros usados y antiguos en Librería Ítaca, además de impulsar el homenaje a la familia López Casillas. Del reconocimiento, los hermanos concluyeron: “Es doble, al ser entregado por los compañeros libreros”.
EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ
http://www.informador.com.mx/suplementos/2016/692893/6/vivir-entre-libros.htm
domingo, 5 de junio de 2016
Librerías del Centro Histórico cerrarán sucursales ante la poca demanda que existe.
Librerías del Centro Histórico cerrarán sucursales ante la poca demanda que existe.
Las librerías cuentan con textos de diez hasta 200 mil pesos y cerrarán varias sucursales en el Centro Histórico ante la poca demanda que existe
En Notimex México |
Libros usados de los siglos XVI al XXI, desde diez hasta 200 mil pesos, se hallan en las librerías de viejo, un paraíso rebosante de historia que inició en los años treinta como una tradición en México.
La calle Donceles, en el Centro Histórico, aloja por lo menos unas 20 sucursales, aunadas a las que se localizan en los barrios de La Lagunilla, la avenida Hidalgo y en el sur de la ciudad.
Son enormes almacenes con techos altos, de dos o tres niveles, que albergan miles de libros de diversos temas, que guardan infinidad de historias e imágenes más allá de la imaginación.
Son el sitio de consulta de investigadores, científicos, intelectuales, estudiantes, maestros, coleccionistas y amantes de la lectura que dedican horas revisando las vitrinas que guardan los tomos más antiguos, los estantes que agrupan los títulos de autor y dividen los temas, y las mesas que ofertan los más económicos, los de bolsillo o los de actualidad.
Enciclopedias, saldos, manuales, novelas, álbumes, revistas, diccionarios, libros autografiados, libros raros; chicos, grandes y miniaturas; deshojados, despastados, rayados, rotos o en buen estado, convergen en un ambiente que huele a humedad, a tinta, a viejo.
Un espacio que palpa el polvo, que guarda el silencio, que apila recuerdos y que respira la vida.
Hace 80 años, la familia López Casillas, encabezada por don Ubaldo López, abrió la primera librería anunciando, mediante un gran letrero, que compraba y vendía los textos que el público en general ya no quisiera ocupar.
En la actualidad, son ocho los hijos que continúan la tradición y han extendido más de 30 librerías en toda la Ciudad de México.
La variedad de títulos que tienen, los han adquirido a través de coleccionistas o con gente que por tradición familiar los conservó, pero a la muerte de uno de los pilares decidió donarlos o venderlos.
“O simplemente porque les estorbaban, se mudaron de casa y no quisieron tirarlos a la basura”, dice Juan Antonio López Casillas, propietario de la Librería Regia, La ultima y nos vamos y La Casona de Aura, entre otras.
Tiene libros del siglo XVI y XVII. Hace poco vendió en miles de pesos uno del siglo XV que atesoraba como único.
“Se llamaba ‘Las crónicas de Núremberg (1493) y se encontraba en un estado lamentable, pero debido a que se trataba de un incunable, tenía un valor muy especial”, platicó durante el recorrido que Notimex hizo por las instalaciones de la Librería Regia que exhibe más de 150 mil tomos selectos y comunes.
Ejemplares ilustrados como el “México y sus alrededores”, “Monumentos de México”, de Pedro Gualdi y el “Álbum del Ferrocarril Mexicano” de 1878 contienen litografías y por ello, tienen un precio hasta de 200 mil pesos cada uno.
“Tiene mucho que ver al momento de comprar libros. Hay quienes los adquieren porque en la escuela se los piden, otros porque quieren leerlos, unos más porque lo escribió un amigo, porque forma parte de una serie de libros que deben tenerse o, simplemente, por colección”, indicó.
Hay quienes conocen un autor y se enganchan con él y como en las librerías de nuevo ya no existen los títulos, recurren a las de viejo para satisfacer sus necesidades.
Las primeras ediciones de cualquier libro de Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, José Emilio Pacheco, Jorge Luis Borges o Mario Vargas Llosa, por ejemplo, se venden a un precio muy alto, señala.
“Cien años de soledad” (1967) de García Márquez, que imprimió cerca de 5 mil copias, se oferta en 20 mil pesos en la Librería Regia.
“Si tuviera alguno autografiado por él, lo vendería hasta en 100 mil pesos”, mencionó al tiempo de mostrar ‘La danza de la muerte, de hechura fina que data de 1547 y posee grabados de Hans Holbein, cuyo costo asciende a 70 mil pesos.
Ninguno de los libros en acervo tiene una curaduría en especial o manejo de traslado.
“Quizá las normas me pedirían que usara guantes para hojear uno del siglo XVI, pero ninguno de los libreros en mi familia hemos trabajado así. Hace 20 años fui a una zona arqueológica y me maravillé con los grabados sobre piedra.
“De repente los toqué y la guía de turistas dijo que por esa razón las cosas de echan a perder, pues los turistas, con su manos grasosas, tocan las obras maravillosas del arte prehispánico. Cualquiera puede criticarme por tocar un libro con mis manos grasosas, pero para mí no tiene sentido”, sostuvo.
Muchos de los textos que le han llegado, guardan cartas, mensajes, estampas religiosas, billetes o monedas entre sus hojas, pero nunca se ha preocupado por conservarlos ni por leerlos.
Lo que sí cuida en revisar es si alguno está autografiado por el autor, pues, de esta manera, se incrementa su valor económico y sentimental.
“Tengo un libro que se llama ‘Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812 que tiene una carta dirigida al corregidor de Querétaro. Evidentemente, es algo valioso y por supuesto, no lo tiro. Cosas así no es común que nos lleguen”, destacó.
Obras de ciencia ficción, biología, medicina, historia de México, historia universal, sociología, psicología, economía, herbolaria, salud, filosofía, esoterismo, deportes, idiomas, manualidades, contabilidad, derecho, periodismo y religión, entre otros temas, habitan en los estantes de las librerías de viejo.
“Hay quienes los buscan porque quieren leerlos y disfrutarlos, otros para adornar su casa, aunque nunca los vayan a leer, porque hay quienes tienen grandes bibliotecas pero nunca han abierto un libro”, apuntó.
En una de las escenas de la película “El profe” (1971), que protagonizó Mario Moreno “Cantinflas”, se muestra a una cabra que se come un libro, mismo que fue adquirido en una de sus librerías.
“También vendí un lote de 4 mil libros en unos 70 mil pesos, para la filmación de la película ‘La leyenda del zorro (2005) que se desarrollaba en el siglo XIX. Lo mismo que para la producción de ‘Antes que anochezca (2000), donde aparece la biblioteca”, recordó.
En alguna época, las librerías de viejo fueron un gran negocio, pero de diez años a la fecha, ya no lo son.
“Las ventas han bajado notablemente, hasta en un 50 por ciento. Es increíble que mis hermanos y yo tengamos librerías tan gigantescas y vendamos tan poco. Apenas si cubro los gastos para cubrir la nómina de los empleados, por ello es que, a corto plazo, cerraré unos tres locales”, reveló el librero de 60 años.
A través de la página en Internet www.libreriasdeocasion.com también coloca a la venta varios de los títulos que día con día bajan su precio para que salgan.
“Algunos los daba en 70 ó 50 pesos y ahora los tengo que dar en 10 pesos, pero ni así se venden, entonces, los tiro a la basura. No tiene caso conservarlos más porque me quitan espacio”.
En opinión de Juan Antonio López Casillas, la gente ha dejado de comprar libros porque la economía es mala en México y porque los sistemas informativos han cambiado.
“Antes, la gente buscaba un libro para informarse sobre algún tema, pero ahora todo lo que desean saber, lo hallan en su teléfono. Basta con conectarse a Internet, explorar Wikipedia y toda la documentación está a su alcance”.
En octubre próximo, López Casillas y sus hermanos publicarán un libro en el que narrarán su experiencia en las librerías de viejo.
http://www.proyecto40.com/noticia/cultura/nota/2016-06-01-18-42/librerias-del-centro-historico-cerraran-sucursales-ante-la-poca-demanda-que-existe-/
domingo, 21 de febrero de 2016
Donceles: donde mueren los libros

Librería Regia. Fotografías: JAVIER BRANDOLI
EL mundo, España
Donde mueren o donde resucitan. En esta calle del centro del DF están las mayores librerías de viejo del mundo y, entre ellas, una legendaria dinastía de mercaderes: los López Casillas.
Hace casi 90 años, cuando el adolescente Nicolás, el tío Nicolás, comenzó a comprar libros usados de Tepito, uno de los barrios más marginales de Ciudad de México, y su madre le preguntó una mañana qué pensaba hacer con tanto papel acumulado entre las estrechas paredes de su casa, no se imaginaba que, casi 100 años después, su familia acumularía millones de obras de segunda mano encementerios vivos donde los manuscritos esperan durante décadas, derramados por el suelo o acumulados en enormes estanterías, que alguien les dé vida. La Calle Donceles, en pleno centro histórico, huele a polvo y papel. A final y principio. A milagro de tinta donde encontrar libros garabateados por García Márquez o crónicas del Siglo XVI.
Los López Casillas son una estirpe (una novela real y por escribir, encerrada entre sus millones de libros en venta), una parte esencial de esa maravilla mexicana bautizada con un bocado de literatura: Librerías de lo Viejo. Las hay en la capital, Guadalajara y Aguascalientes. Inmensos almacenes, guaridas o fondos de olvido donde el mundo se hace letra. Nada que sea o haya sido puede no estar en este universo de madera tratada. Hay estanterías tan grandes y repletas de libros que pareciera que en el mundo no hubiera espacio para más palabras. La suya, como bautizó Juan, uno de los 11 hermanos libreros de los López Casillas, comienza a ser la narración de un fin: La Última y Nos Vamos, La Muerte de los Libros, se llama su quinta y última librería abierta hace pocos años. Otros de sus protagonistas son más optimistas.
¿Cuándo muere un libro? "Cuando esta en una estantería y nadie los consulta. Pasa también con las librerías privadas que se usan para decoración. Aquí no son libros muertos, son libros a la espera de ser releídos. Cada vez que un libro se vuelve a leer, recupera su vida y no sólo eso, sino que una mancha de café, una nota o una fotografía que haya dentro invitan a una reflexión sobre el propietario anterior", explica Francisco López Casillas, otro de los hermanos libreros. Antes, sentado con una silla entre los estantes de uno de sus "almacenes" nos explica cómo comenzó todo, porque como toda buena historia, las librerías de lo viejo tienen su inicio, nudo y desenlace:
"Tras comenzar vendiendo en mercadillos, el tío Nicolás abrió dos librerías, La Estrella y el Hotel, en la calle Miguel Hidalgo. Una la atendía su hermana soltera Berta y su madre (mi madre y mi abuela). Mi mamá se va inmiscuyendo pero se casa y como mujer de su época no era permisible que trabajara en una tienda sin cuidar su casa. Por cosas fortuitas, mi tío Nicolás debe irse del DF y mi tío Miguel se hace cargo de sus librerías y, en 1947, invita a mi papá a que trabajé con él en las librerías de la familia", explica Francisco.
Saga y embrollo
Algunos problemas hacen que su padre dejé de trabajar con su familia política y monte sus propios negocios. Poco a poco va aprendiendo de este universo de papel viejo y, mientras su mujer se queda en casa con sus hijos, él va convirtiéndose en un experto comprador y vendedor de libros. "Mi padre nos llevaba todos los domingos a todos los hermanos varones (son 11 en total, contando niñas y niños) a montar el puesto de venta del mercado de la Lagunilla. Ahí aprendimos este oficio"
Entonces, la familia, ya convertida en una larga estirpe dividida en troncos comunicantes, desembarca en la calle Donceles, en pleno centro histórico de la capital mexicana. "En el año 68, mi tío Miguel, que cuidaba las librerías de mi tío Nicolás, le dice a mi mamá que quiere poner una librería en Donceles. Se une a otro hermano y ponen una de las primeras librerías. Curiosamente, mi tío Nicolás le dice a su hermano que le da el dinero para poner el local pero le pide que le dé a Berta, mi madre, la mitad del dinero para montar su propia librería también. Luego, a la semana de hacerse cargo, mi papá saca a mi mamá del negocio y le dice que debe estar atendiendo a sus hijos. Mi mamá se pasó toda la vida queriendo ser librera, era una ferviente lectora. Cuando mi papá puso su primera librería, él debía salir a ver a clientes y la librería la atendía su madre (mi abuela). Entonces cuando mi abuela paterna necesitaba algo se iba corriendo seis calles a preguntarle a mi mamá: 'Oye Berta, ¿qué hacemos con esta venta?' Y entonces mi mamá le decía: 'Doña Josefina, no deje al cliente esperando, si el cliente le dice ofrézcale'. Mi mamá le daba muchos consejos a mi abuela para que pudiera funcionar la librería".
De los 11 hijos (dos han ya fallecido) decía el patriarca que "ninguno quería ser librero". También su madre se esforzaba porque los chicos "estudiáramos y nos dedicáramos a otra cosa". Pero todos acaban metidos en el negocio de los libros usados. Comienzan a abrir librerías, en algunos casos asociándose entre ellos en diversos barrios y van acercándose a su objetivo: la calle Donceles. El devastador terremoto de 1985 derriba un almacén de su padre, Ubaldo, que decide regalar la inmensa colección allí guardada a su hijos para que monten sus negocios. "Entonces comprábamos todo y ya no teníamos espacio donde guardar los ejemplares. Cuando alquilamos por fin en Donceles decidimos bautizar el primer negocio en honor a mi papá como 'Ubaldo López e Hijos: el mercader de libros'. Mi padre decía que un mercader, a diferencia de un vendedor de libros, sabe lo que vende y conoce los libros que tiene a su disposición. Él no necesitaba sacar un libro de la estantería para saber el autor o edición de un ejemplar, tenía una memoria prodigiosa".
En los siguientes años los López Casillas abren ocho negocios de venta de libros usados en Donceles. "Teníamos una competencia con las casas de fotografía en la calle. Nos peleábamos por los locales. Eso hizo que subieran las rentas. Los predios sabían de antemano que los López Casillas o las casas fotográficas iban a por ellos".
El tiempo, sin embargo, fue derribando algunas alianzas familiares, eliminando a los socios y dejando solos a los hermanos. "Lo prioritario es el amor por el libro impreso. Somos hermanos, nos queremos mucho, pero somos muy respetuosos con nuestros negocios. Somos independientes. tenemos una competencia implícita, no explícita", explica Francisco. "No competimos porque no hay clientes ni por los que competir", dice después su hermano Juan con una sonrisa.
La familia, que ha movido una incalculable cantidad de libros por sus casi 100 años de amor al libro usado, fue diversificando el negocio: "Mi papa decía que los libros buenos era de Derecho e Historia de México. Mi hermano Ubaldo (el mayor) comenzó a buscar otro tipo de libros y mi hermano Juan implementó el detalle de que debíamos de aprender de toda clase de libros", recuerda Francisco.
La librería Regia, en Donceles, que se anuncia como la mayor de México es propiedad de Juan, que calcula que su oferta es de "más de 1.000.000 de ejemplares". Francisco dice que, una vez, un empleado suyo quiso calcular más o menos los libros de una de sus librerías de Donceles. "Calculamos 450.000 en exhibición y más de 1.800 cajas repletas de libros que tengo en una casa de la Colonia del Valle".
Entre ellos hay anécdotas como la de una serie de libros que Francisco compró con las iniciales GGM y que a falta de algunas averiguaciones parece que corresponden a la biblioteca privada de García Márquez. "Encontré todo un lote de libros usados, muy subrayados y marcados con las siglas GGM y una fecha. Entonces me puse a indagar y decidí comprar el conjunto de 80 o 90 libros. Tras varios años, antes de que falleciera García Márquez, me puse a revisar su grafía. Curiosamente hace unos meses encontré a alguien que conocía la biblioteca personal de García Márquez y que, al revisarlos, me dijo que era de la biblioteca de él. En alguno hace críticas con anotaciones a la obra de Octavio Paz".
¿Qué cuesta ahora si es su firma? "Sigo investigando tras 10 años. Esta persona me dijo que me va a conseguir una cita con Álvaro Mutis y poder revisar la biblioteca que él se quedó de García Márquez. Una primera edición de Cien años de soledad puede estar en 30.000 pesos (1.600 euros) . Si está dedicada, puede valer 70.000 y 80.000 pesos (3.500 o 4.000 euros).
Encontrar esas joyas es parte del negocio. "Mi papá compraba grandes obras y las vendía al día siguiente. Yo tengo algunas allí que ya tienen 20 años en el estante", dice Juan, que nos enseña obras olvidadas en su librería del siglo XVI y XVII. "El libro más caro que vendí en mi vida, La Conquista de la provincia del Itzae, de 1705, me lo robaron. Por una confusión de un vendedor mío se lo llevó un cliente como un tomo doble. Conseguí localizarlo por el banco y aunque le pedí que me lo restituyera, él me dijo que se lo había regalado a su padre y ya no podía devolvérmelo. Estaba rodeado de cuatro abogados y al final convino en pagarme el precio real que tenía. No voy a decirle cuánto era, pero sí le diré que,tras años de investigar, su valía fue multiplicado por 100 el valor inicial que le pusimos. Me da mucha pena, el gran orgullo de un librero es saber vender un libro", recuerda Francisco.
El precio de un libro, saber ponerlo, es una de las cualidades que debe tener un librero o mercader de libros para el patriarca Ubaldo: "Se investiga con los catálogos y se estudia la obra", señala Juan. "Requiere mucho trabajo, mucho conocimiento. Si algo tenemos los López Casillas es que somos muy trabajadores", apunta Francisco.
La muestra está en ese hermoso rastro de Donceles. Allí se acumulan los viejos almacenes de libros amenazados de desidia. ¿En 30 años existirán las librerías de lo viejo? "Yo apuesto a que sí. Mi hermano Mercurio sostiene que, en 10 años, no habrá librerías y en 15 años, no se imprimirán libros. Los niveles de venta están bajando mucho. Del año pasado a éste nosotros hemos bajado un 30 o 40%", responde Francisco. "El daño nos los está haciendo nuestro vecino gigante, Estados Unidos, y la llegada de los ebook y la comercialización sólo de lo rentable", incide.
"Ahora hay que rebajar el precio para vender. Antes a las librerías venían intelectuales y gente con dinero. Yo voy a cerrar una de mis librerías en un año y en cinco pienso quedarme sólo con una", dice Juan que, en la segunda planta de su librería Regia, señala una montaña de libros que irán a la basura: "Me sale más caro llevarlos a vender como papel que tirarlos a la basura", afirma. Una decisión que no evita que cada mes compre entre 5.000 y 10.000 libros. Su hermano Francisco también confirma esa fiebre compradora: "Los López Casillas no paramos de comprar libros pese a tener muchos en bodega, muchos empleados y pagar mucho en renta de los locales. Seguimos apostándole al libro usado impreso".
"El negocio de los libros usados no morirá, solo cambia su forma. Al contrario será mayor pues la falta de libros impresos lo volverá objeto de culto. Lo veremos en los próximos años", dice César Diz, dueño de una librería de lo viejoen Aguascalientes. "El mayor enemigo de los libros es la falta de una educación científica, critica y metodológica". concluye.
Cae la tarde en Donceles y las puertas de muchos de esas inmensas librerías echan el cierre. Desde fuera, desde la calle, parece imposible imaginar dónde llegó aquella idea del Tío Nicolás de comprar libros y revenderlos en las calles. El mensaje de Juan, al comienzo de la calle, es claro: "La última y nos vamos. La muerte de los libros".
Referencia:http://www.elmundo.es/cultura/2016/02/10/56ba45c8e2704e0d198b4641.html
domingo, 23 de noviembre de 2014
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