sábado, 16 de septiembre de 2017

Por qué deberías tener un librero (o varios),

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“Que otros se jacten de las páginas que han escrito;/ a mí me enorgullecen las que he leído”. Jorge Luis Borges comenzaba así su famosísimo poema “Un lector”, que es el penúltimo del poemario “Elogio de la sombra”. Este argentino prodigioso, que tanto amaba la lectura, se quedó ciego y, en una “magnífica ironía” que atribuyó a Dios, ocupó el cargo de director de la Biblioteca Nacional de Argentina de forma que le fueron dados, a la vez, “los libros y la noche”. Uno puede imaginarlo tocando los volúmenes y esperando una voz amiga que se los leyese.
Una biblioteca puede albergar una suerte de paraíso. Por lo pronto, es una reunión de amigos. Ya lo escribió Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / con pocos, pero doctos libros juntos, / vivo en conversación con los difuntos, / y escucho con mis ojos a los muertos”. Tras su caída en desgracia y su retiro de la vida pública, Maquiavelo se vestía con sus mejores galas para leer a Tito Livio y evocar las glorias de la República romana. No debería, por tanto, minusvalorarse el cuidado que un lector le debe a su biblioteca. De lo contrario, invertirá tiempo, espacio y dinero en una acumulación de libros que lo sumirá en la tristeza y el desaliento que sufrió Aureliano, el teólogo, porque –de nuevo Borges– “como todo poseedor de una biblioteca, Aureliano se sabía culpable de no conocerla hasta el fin”.
Por supuesto, como advirtió Ricardo de Bury, autor del “Filobiblion”, obispo de Durham y canciller de Inglaterra, “los libros deben comprarse siempre salvo en dos casos: que se trate de «salir al paso de la malicia del vendedor» o que «se espere una ocasión más propicia para comprarlo»”. Fuera de estos supuestos, uno debe hacer bueno el mandato del libro de los Proverbios 23, 23: “compra verdad y no la vendas”. Queda, pues, dicho que los libros, en general, han de adquirirse sin ceder a la tentación de soluciones poco piadosas que no se mencionarán aquí.
Por eso, los bibliófilos sabemos la deuda de gratitud que un lector tiene con su librero. Al contrario de lo que muchos creen, uno bueno no tratará de vender cualquier libro, sino que buscará aquel que su cliente necesita. No exagero con el verbo. La mayor inversión de este profesional no es la venta inmediata o circunstancial, sino la biblioteca que ese buscador de libros está construyendo. Por supuesto, también puede rendir un gran servicio al comprador ocasional que busca algo para regalar o necesita consejo. Ambos pueden confiar más en el parecer de un buen librero que en centenares de opiniones de desconocidos en internet. No digo que éstas no deban atenderse –algunas críticas pueden ser valiosas, fundadas y aun profesionales— pero sí sostengo que un librero puede hacerse imprescindible. Sin él, las novedades podrían pasar desapercibidas, los tesoros seguirían ocultos y el lector perdería descubrimientos notables que exigen horas de fatigar los catálogos editoriales.
Una biblioteca puede ser la tarea de una vida. Felipe II, un rey humanista cuya biblioteca fue admiración del mundo, enviaba emisarios por toda Europa para comprar libros. Atendía personalmente algunas de las adquisiciones. Por ejemplo, en 1543, en Valencia, se pagaron, según sus órdenes, ciento cuarenta y cuatro maravedíes por un Corán. No entraré ahora en el contenido fabuloso de su colección. Baste señalar que hubiese sido imposible concebirla sin los libreros.
Por eso, yo suelo recomendar a los jóvenes que comiencen a trabajar en su biblioteca personal y que frecuenten y cultiven la amistad de los libreros. Stefan Zweig describió, en “Mendel, el de los libros”, el arquetipo de este aliado poderoso de lectores y bibliófilos: “Realmente, se trataba de una enciclopedia, de un catálogo universal sobre dos piernas […] Jakob Mendel, aquel judío de Galitzia, pequeño, comprimido, envuelto en su barba y además jorobado, era un titán de la memoria […] Conocía cada planta, cada estrella del cosmos perpetuamente sacudido y siempre agitado del universo de los libros. Sabía de cada materia más que los expertos. Dominaba las bibliotecas mejor que los bibliotecarios. Conocía de memoria los fondos de la mayoría de las casas comerciales, mejor que sus propietarios […]”. Aún quedan libreros que conservan el espíritu de Jakob Mendel y lo han adaptado a un tiempo nuevo preservando las esencias de un oficio antiquísimo.
Por supuesto, hay libreros de nuevo y libreros de viejo y todos deben ser cultivados. Algunos reciben catálogos de editoriales inimaginables y de ediciones casi clandestinas, pero maravillosas. Otros compran fondos procedentes de herencias y disponen de personas que, como Lucas Corso, pueden hallar lo inencontrable. Tal vez ignoren el paradero de un libro, pero tienen el teléfono de quien lo sabe y eso es lo que importa. Solo un lector conoce la desazón de no encontrar la obra que necesita -no nos engañemos, la necesita– cuando ha descubierto un autor luminoso. No tengo nada contra los buscadores on-line, pero un Mendel es imprescindible si uno quiere crear algo que valga la pena y sólo las cosas que valen la pena deberían interesarnos.
Una biblioteca encierra, también la cartografía de una vida: los libros que nos adentraron en la literatura o la ciencia, los iniciáticos y los malditos, los que nos consolaron en tiempos de desdicha o nos salvaron en medio de las dificultades. Hay páginas y versos que uno atesora para dar razón de lo que hacía mientras esperaba a quien se ama. Hay textos que nos guían cuando no encontramos la salida. Hay citas que esgrimimos no para que los fanáticos piensen como nosotros, sino para no terminar pensando como ellos. Gracias a los libreros, el viaje de nuestra vida, como quiso Cavafis, estará lleno de aventuras y de conocimientos.

 http://www.democresia.es/democultura/deberias-librero-varios/

domingo, 4 de junio de 2017

El Por Qué las Librerías de Viejo Pueden Dejar de Existir

Hace unos cuantos días lo platicaba con mi jefe: Las Librerías de Viejo a lo largo del país están en crisis: En su mayoría están en números rojos y, sino lo están, cosa extraordinaria, viven al día.

Hace poco cerró una de las más grandes librerías de la calle Donceles en la Ciudad de México: El Mercader. Este hecho tuvo gran impacto sobre todos los libreros de la zona. Es cuando esos miedos sobre la posible situación de cierre total de las Librerías de Viejo, se hizo tan real y tácito.
Hablo sobre la experiencia que tuve en Librerías de Viejo. He visitado las librerías de la Calle Donceles (CDMX) y las librerías de la Calle Matamoros (Aguascalientes) y hay una diferencia abismal entre ambas calles y las librerías que las rodean.
Las librerías en Donceles se muestran altivas y la mayoría de sus libreros no tienen las ganas de querer atender a un cliente como se lo merece. Se puede entender que los Libreros principales estén cansados, pero eso no justifica el hecho de que sus trabajadores sean déspotas ante el hecho de sentirse superiores a un lector o un mero cliente que está en búsqueda de un libro que simplemente no ha encontrado en las librerías convencionales.
Uno de los principales trabajos de un librero, y también uno de sus principales objetivos, es hacer que el lector evolucione con las palabras. Que vaya adquiriendo mayor cultura. Que dejen de avanzar en línea recta y comiencen a serpentear en medio del camino; pero es irónico el hecho de querer hacer evolucionar al individuo o a la población entera, cuando el mismo librero se queda estancado en los libreros llenos de polvo y en el romanticismo que exhala lo antiguo.
Retomando el punto del ser déspota, en estas eras, el privilegio de llamarse “Librero De Viejo” tal parece que se remite al hecho de sentirse superior a los demás. Se ha ido perdiendo contacto con el cliente. El atender de manera correcta y se va en búsqueda del villano perfecto para justificar las bajas ventas: El internet; pero nos remitimos a lo mismo: Se culpa al internet tanto, pero los mismo libreros actuales se han inmiscuido tanto en el internet para el uso personal, que el cliente ha pasado a segundo plano.
Otro de los puntos es el precio: El libro es de segunda mano. Ya ha pasado por manos y por lectores antes y no se puede ofertar a un precio de nuevo. Se supone que debemos de traspasar la cultura, pero al elevar los precios y al ofrecerlos como productos nuevos, censuramos la cultura y empujamos al cliente y al lector en potencia a que busque en librerías convencionales o de tiendas departamentales. Es importante: No por ser viejo tiene que ser caro.
Una de las cosas más importantes que he ido recogiendo a lo largo de estos casi dos años trabajando en Bibliofilia y de las palabras de mi jefe, son las peleas que los libreros siguen acarreando entre ellos desde su fundación hasta la fecha. ¿Cómo se espera que Centros de Cultura (Como lo son las librerías) permanezcan vigentes si no hay unión. El Librero y la Librería son un individuo y, cómo se plantea en la Teoría Sintética de la Evolución, los individuos no son los que evolucionan, sino las poblaciones. Los individuos mueren, mientras las poblaciones prevalecen. Es el claro ejemplo de esta situación: La librería morirá al ser un simple individuo y sino se adapta, tal y como Darwin propuso, la misma naturaleza, en este caso los clientes, la desechará.
Los Libreros de viejo no pueden esperar que un cliente se adapte a ellos. Es todo lo contrario: Los libreros deben de adaptarse y unirse.
Podemos culpar a los insuficientes programas de cultura y fomento a la lectura por parte del gobierno, pero si se siente la fuerza para quejarse, se tiene la fuerza para hacer algo, retomar el curso de acción y evolucionar.
Así que, aunque culpes a todo tipo de situaciones, la culpa mayor recae en ti, Librero de Viejo, que no se despega del polvo y se monta sobre ediciones de tapa dura para ver de forma altiva a los clientes.

Así que es momento de bajarse de esas enciclopedias Salvat y dejar de lado al Gustavo Adolfo Bécquer romanticista y centrarse en difundir la cultura y sobrevivir económicamente.

lunes, 20 de marzo de 2017

Libros de viejo autenticas "pepitas de oro" FILEY 2017 Yucatan


Fotografía del 13 de marzo de 2017 del librero mexicano Ignacio Olguín Romero, quien posa en su librería de Mérida (México). Auténticas "pepitas de oro" para avezados cazadores literarios, los libros antiguos o de viejo también adquieren protagonismo en la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY) que se desarrolla en la ciudad mexicana de Mérida. "Tuve un libro firmado por (León) Trosky para el presidente (Lázaro) Cárdenas (1934-1940)", dice orgulloso Olguín, de 60 años, sobre este mercado que ya forma parte de las tradiciones urbanas de México. EFE/ARCHIVO


Auténticas "pepitas de oro" para avezados cazadores literarios, los libros antiguos o de viejo también adquieren protagonismo en la Feria Internacional de la Lectura de Yucatán (FILEY) que se desarrolla en la ciudad mexicana de Mérida.
"Tuve un libro firmado por (León) Trosky para el presidente (Lázaro) Cárdenas (1934-1940)", dice orgulloso el librero mexicano Ignacio Olguín, de 60 años, sobre este mercado que ya forma parte de las tradiciones urbanas de México.
Estas librerías de viejo, un mundo donde los libros son los que parecen escoger a los lectores y no al revés, son una tradición en grandes urbes y sitios de visita para coleccionistas y buscadores de primeras ediciones o libros firmados por sus autores.
Entre las mejores ventas de Olguín sobresale una primera edición de un libro del poeta mexicano Octavio Paz, premio nobel de Literatura 1990, que además estaba dedicado, cuenta a Efe mientras ofrece libros a los visitantes de la feria.
"Es como encontrarse una pepita de oro entre el barro", relata sobre su experiencia a lo largo de veinte años como anticuario del mundo editorial.
Los clientes buscan hasta que, de pronto, "ven una joya, algo invaluable, un libro firmado, una primera edición, alguno dedicado a una persona en especial", apunta.
"Después de encontrar una obra que se considera importante, tenemos que esperar al cliente que está en su busca. Los libros se ofrecen", no es igual que busquen "a que vayan a la caza de uno especial", aclara.
El precio de un libro con estas características puede ser superior al original, como ocurre con los dos tomos de "Lecturas mexicanas para niños", que cuatro décadas después de haber sido editados Olguín cotizó en 350 pesos (poco más de 18 dólares).
"Hay primeras ediciones, libros firmados, libros del siglo XIX, es una variedad de títulos que tenemos especiales", comenta Olguín, quien antes de ser anticuario tuvo una etapa como ingeniero agrónomo.
Para cotizar un libro, Olguín toma en cuenta el estado físico del mismo, el año de edición, el autor, el tiraje, entre otros factores.
Este librero dejó su local de Guadalajara, en el occidente de México, para instalarse esta semana con otros compañeros en Mérida con una oferta de 6.000 títulos en la llamada Feria del Libro Usado y Antiguo (FLUYA).
Su llegada a la FILEY se dio hace cuatro años con la Universidad de Guadalajara, que entonces fue invitada, y ese mismo año el grupo logró un acuerdo para regresar.
"Somos cuatro compañeros de Guadalajara y nos dedicamos al libro usado, antiguo, raro, fuera de catálogo y primeras ediciones", explica.
En sus mesas de exhibición se ven las desgastadas pastas de piel de una edición de la "Historia verdadera de la conquista de la Nueva España", del cronista español Bernal Díaz del Castillo, que fue publicada en la décadas de los setenta del siglo pasado.
FLUYA ofrece un libro sobre Cristóbal Colón con portada de madera y que tiene más de 30 años de antigüedad y una primera edición de 1948 de "Canek", del escritor, ensayista y dramaturgo mexicano Ermilo Abreu Gómez (1894-1971), que se nota desgastada.
La exhibición de este grupo de libreros contrasta con la oferta de casas editoriales que presentan en la FILEY lo más reciente de su catálogo de obras para iniciar un recorrido que, con los años, terminará en una vieja bodega de libros antiguos.
Copyright © 2017, Hoy Los Angeles
Enlace http://www.hoylosangeles.com/efe-3207389-12693626-20170314-story.html

viernes, 17 de febrero de 2017

Librería de Viejo del Lic. Gonzalo Ramos Aranda


LIBRERIA DE VIEJO

“Se vuelve lo más deseado, el hallazgo . . . inesperado.”

Librería de viejo,
la de aroma añejo,
librería de usado,
del tiempo pasado.

Frecuentes visitas,
todas exquisitas,
lugar fascinante,
misterio constante.

Pisar laberinto
del saber, . . . recinto,
encapsulamiento
del conocimiento.

Como en docta gruta,
emprender la ruta,
seguir el camino
de nuestro destino.

Andar callejones,
recorrer secciones,
vagar por pasillos,
estrechos corrillos.

Vivencia, existir,
mundano sentir,
vitrinas, estantes,
sorpresas bastantes.

Mirar ejemplares,
goces oculares,
bellos empastados,
folletos gastados.

Observar impresos,
volúmenes viejos,
textos incunables,
todos invaluables.

Colecciones serias,
las enciclopedias,
ex libris, cultura,
el arte es ventura.

Curioseando vibro,
¡bendito es el libro!,
en manos delicia,
táctil la caricia.

Hojeando las obras,
la vida recobras,
nostalgia, emoción,
late el corazón.

Clásico adorado,
descatalogado,
revistas añosas,
esperan ansiosas.

¿Estudiar tú gustas
las biblias vetustas?,
esas más antiguas,
hoy, están exiguas.

Leyendo, no pecas,
joyas, bibliotecas,
de papel alhajas.
tu ser agasajas.

Precio, poco importa,
su edición te aporta,
sapiencia, instrucción,
sabia educación.

Librero anticuario,
arca, relicario,
que asilas los saldos,
opacados, gualdos.

Bodegas, tapanco,
Cliente digno, franco,
de segunda mano,
Mercader, hermano.

Repudio a lo injusto,
el trato más justo.
alma reconcilia,
tomos, bibliofilia.

Preservar el rito,
lo demás . . . es mito,
¡hábito, fiel tradición,
el hallazgo de ocasión!

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 14 de marzo del 2006
Dedicado al Sr. Fermín López Casillas
Reg. SEP Indautor No. 03-2007-082112003600-14

jueves, 16 de febrero de 2017

Retira el gobierno su apoyo a libreros de viejo. De nuevo pide sede permanente


RETIRA EL GOBIERNO SU APOYO A LOS LIBREROS DE VIEJO; DE NUEVO PIDEN UNA SEDE PERMANENTE
Alejandro Toledo
El comercio del libro antiguo parece haber llegado a un camino sin salida: sus más asiduos compradores —la clase media ilustrada— se ven gravemente afectados por la crisis económica Algunos de los más prestigiados libreros han tenido que cerrar sus negocios y dedicarse a actividades mejor remuneradas, sobre todo en la burocracia; y los que tomaron el apoyo del gobierno en la Casa Talavera de la calle de El Salvador, ahora tienen que desalojar el edificio a pedido del Departamento del Distrito Federal
A todo esto debe sumarse el clima hostil que parece reinar entre los propios libreros, quienes frente a sus divergencias han formado más de seis asociaciones y para los cuales el futuro inmediato es poco alentador como expresó Alfonso Reyes: “Pobres libros, arrojados a la calle como familias menesterosas”

De las “cadenas” que rodeaban los atrios de la Catedral de México a principios del siglo pasado a la clásica Plaza del Volador; de los puestos de la calle República de El Salvador al tianguis de la Plaza del Angel en la Zona Rosa, la historia del comercio de libro antiguo en la ciudad de México es larga y azarosa
La gran diáspora de impresos y manuscritos parece iniciarse con la desamortización de los bienes del clero en el siglo XIX, en que las bibliotecas conventuales fueron abandonadas y sometidas al saqueo Hacia 1880 los primeros grandes bibliógrafos mexicanos iniciaron un rescate que ha atravesado diferentes momentos Los lugares tradicionales de venta de libros antiguos también han sufrido el paso de las generaciones, y ahora los libreros se encuentran en un punto en que nada es del todo claro
“El libro que forma nacionalidad, que dibuja el perfil de una cultura, está desapareciendo”, dice don Víctor García Colín, representante de una de las más de seis asociaciones de libreros de antiguo que funcionan actualmente; él ve en los que se dedican a esta actividad una suerte de auxiliares de la investigación histórica Añade: Si el libro viejo desaparece, eso quiere decir que estamos perdiendo memoria; y un pueblo que no se mira en su historia, se debilita y es susceptible de ser conquistado”
En noviembre de 1988, el presidente Miguel de la Madrid cedió a los libreros la Casa Talavera, un inmueble que inició el ambicioso proyecto —nunca llevado a cabo— de crear un “corredor de la cultura” entre las calles de San Pablo y de Peña y Peña Actualmente los libreros carecen de sede permanente y, en carta enviada al Departamento del Distrito Federal, solicitan al menos su reubicación, si bien no todos están de acuerdo Firma la petición la Asociación de Libreros, AC, con sus socios al frente: Víctor García Colín Fernando Villanueva Sánchez, Francisco Orduña Bustamante y Orso Arreola Sánchez, entre otros
En su pequeña librería de Orizaba número 13, en la colonia Roma, don Víctor García Colín recuerda a Fernando Villanueva, su maestro en el oficio, “quizá el mejor librero de México” También le vienen a la mente otros nombres: Orso Arreola, Xorge del Campo y J9sé Antonio Montero, los cuales en su mayoría han abandonado esta actividad para dedicarse a actividades un poco más seguras económicamente “Ahora otros de mis colegas venden cintas de video o trabajan sólo con best-sellers, lo que me parece ilegítimo”, explica
Ha desaparecido, ademas, la imagen de librero que compara bibliotecas familiares; el capital es limitado Al parecer, la fuente más segura de acopio son los basureros Apuntó García Colín: “Hay gente especializada en recuperar libros de la basura Al no saber qué hacer con ellos, los deudos de algún más o menos ilustre bibliófilo se los ofrecen al ropavejero a cambio de prendas de vestir o simplemente los arrojan al bote de la basura Otros rescatan el libro y nos lo ofrecen”
En la feria
Cerrada la Casa Talavera, el espacio de comercio de libro antiguo que más importancia tiene ahora en al ciudad de México es el de la explanada de la Plaza del Angel Domingo a domingo, se reúne un grupo selecto de libreros y compradores, y al parecer —a vista de lejos— no es difícil que se consigan verdaderas joyas bibliográficas El lugar y los precios están a la mano de los turistas Las cifras en las páginas iniciales de 1,800, 1,200, etcétera, no indican miles sino millones de pesos: un millón ochocientos, por ejemplo, cuestan los cinco volúmenes de México a través de los siglos Quizá un término más apropiado para este mercado dominical sea el de “libros selectos”, ya que incluso pueden conseguirse novedades españolas
También la XI Feria Internacional del Libro incluyó por lo menos tres puestos formales de libros de miedo —además de los libreros de segunda que tomaron las banquetas de la calle Tacuba por asalto—; entre éstos, el más destacado fue el de Librerías de Ocasión que admitía casi todas las tarjeta de crédito y promovía sus locales de Donceles, Palma, Durango, Claudio Bernard y Perú
Otro tipo de libro antiguo es el que ofreció Verónica Loera y Chávez en el stand de Ediciones Cultura, quien persiste en su afán de dar presencia a la editorial que tuviera su mejor época en la primera mitad de este siglo con las ediciones originales, exhibe además el riguroso facsímil de Muerte sin fin de Gorostiza y presenta Suite en dolor de Luz Valderrain, con inéditos de poeta tabasqueño Verónica cuenta que al decidirse a rescatar la bodega de Cultura contó con el consejo de Orso Arreola; luego tuvo otras asesorías: “Pero nunca se valuó como lote y hubo un único ofrecimiento claro con el que me compraban la bodega por cinco millones, lo que me pareció ridículo Mi idea, además, era revivir la etapa de presencia editorial de Cultura y ofrecer nuevas ediciones”
—¿Cómo distribuyes tus libros?
—Las librerías establecidas no se interesan por l libro antiguo, precisamente porque no son nuevas ediciones Piensan que esto le quita valor Donde logro mayor número de ventas es en esta Feria; además, tengo precios muy razonables: van de veinte a treinta y cinco mil pesos Lo más caro, una colección incompleta de Las iglesias de México del doctor Atl, con fotografías de Guillermo Kahlo, vale trescientos mil
Portadas
En la misma Feria Internacional de libro, Orso Arreola y Claudia Montoya mostraron la exposición Portadas en Movimiento, con un total de cien volúmenes —en su mayoría de este siglo—, en la que se trata de rescatar el libro como objeto artístico y la portada como expresión directa del contenido, según explica a Proceso Orso Arreola “La gran obra impresa es al que reúne a un gran autor, un gran editor y un gran ilustrador, como la Divina comedia ilustrada por Gustave Doré e impresa hacia 1869 en Barcelona por Montaner y Simón”, señala
—¿Cuál es el origen de esta colección?
—En casa teníamos libros muy bellos; siempre he vivido entre libros Esto me llevó en 1978 a abrir Arreolarte, a partir de lo cual han surgido otras ideas Yo quiero rescatar el libro de otra manera, no como bibliófilo En México el bibliófilo deviene en coleccionista, comprador o vendedor; tenemos ejemplos muy notables: Guillermo Tovar y de Teresa, Jorge Denegre, Tohatiuh Gutiérrez, Alejandro Mayagoitia, Fernando Villanueva, Ubaldo López, Miguel García Ramírez Arreolarte mostró el libro como objeto artístico y no sólo como objeto artístico y no sólo como texto, que es a mi modo de ver, una manera parcial de verlo El libro tiene en sus orígenes un valor sagrado; la portada se torna como un par de ojos, un búho ensimismado que observa al lector
La apertura de esa pequeña librería de la calle Río Guadalquivir, le sirvió a Orso como puerta de entrada al mundo del comercio de libro antiguo: “Trabajé en La Lagunilla durante cuatro años, con mi amigo y maestro Fernando Villanueva Otro de mis maestros, Enrique Navarro, ya murió Ellos han sido quienes me han iniciado en el oficio Fernando Villanueva, a pesar de ser un hombre joven, tiene treinta y cinco años de dedicarse al libro antiguo
En la Lagunilla conocí al gremio, a los miembros más destacados del gremio, y mi especialidad fue la literatura, primeras ediciones de autores mexicanos y españoles Esto singularizó en ese espacio una rama del comercio de los libros raros, antiguos y curiosos He utilizado estos términos a propósito, pues siento que se puede definir cada uno con exactitud; igualmente nos referimos a cosas precisas cuando hablamos de joyas bibliográficas o incunables”
—¿Cómo se mantiene este mercado? ¿Quiénes son los proveedores?
—Parece que al oferta de libros antiguos tiende a desaparecer; por instinto, la gente los conserva, los guarda Hasta hace veinte años todavía era posible encontrar bibliotecas que se podían adquirir a un precio justo para ser vendidas a un precio justo En cuanto a libros de gran valor, como saben los historiadores, hubo un saqueo muy grande en México a partir de las Leyes de Reforma Hasta mediados de este siglo, las autoridades, los investigadores, los bibliotecarios, los intelectuales, se comienzan a dar cuenta con horror de que la mayoría de las grandes bibliotecas de México se estaban trasladando al sur de los Estados Unidos Ahora ya hay una legislación que pretende evitar a nivel biblioteca la fuga de libros
“Por otro lado, la compara venta de libro viejo —que así se le denomina en el mercado— tiene sus particularidades Entre los libreros de más polilla hay un término que me gusta mucho que es el de comprar por kilo Cierta vez uno de estos hombres se acercó a mi puesto de La Lagunilla y me dijo: es que usted paga el libro muy caro, así no el negocio para usted Debe comprar por kilo Yo me quedé sorprendido pensando en qué mundo vivía este hombre que compra de este modo los libros Y resultó que él compraba saldos, libros que se descontinuaban, que movían de una bodega o tiraban a la basura Es curioso, sí, pero hay que decirlo: el libro corre por muchas partes, incluso en la basura Los particulares han sido los que siempre proveen los libros raros Hay que pensar que mucha gente en México reúne bibliotecas, o que forma una biblioteca un poco más rica de lo que pediría su actividad profesional Esto hace interesante la búsqueda, aunque en los últimos años parece disminuir la oferta Ello se debe quizá al problema del precio; me ha tocado oír la frase: ‘Si me los van a mal pagar, no los voy a mal vender'”
—¿Cómo se puede determinar el valor de un libro?
—Para contestar esta pregunta entraríamos al reino de los valuadores En Francia, Inglaterra, España y Europa en general, existe un mercado de libro antiguo que, al igual que en otros productos artísticos, es el que fija el precio Algo indiscutible es que el comprador es quien tiene la palabra Mucha gente se molesta porque no hay un precio fijo, pero es muy difícil darlo manejando toda esa serie de entidades en abstracto, como son la antigüedad, la belleza de la edición, la calidad del autor, la importancia de la obra, el país de origen, el impresor Todo esto va va creando el mundo del precio de un libro Pero no se puede improvisar ni se debe sorprender: hay que ir educando a la gente En mi librería Arreolarte, dos frases representaban mi cartilla moral Una era: Su completa satisfacción espiritual o la devolución de su dinero, porque yo sabía lo que estaba vendiendo La otra: Un buen libro es un cheque al portador, que puede sonar muy mercantilista pero lo que menos tenía Arreolarte era una actitud mercantil Por eso cerró cuando se especializó en poesía , pues hay público muy limitado”
Orso insiste en distinguir entre los que se dedican a la actividad: hay libreros anticuarios, libreros de segunda mano, libreros de ocasión o de lance “Normalmente estos términos se confunden, estamos acostumbrados a la librería comercial, que es la que vemos más estable”

Fuente  revista proceso  http://www.proceso.com.mx/154593/retira-el-gobierno-su-apoyo-a-los-libreros-de-viejo-de-nuevo-piden-una-sede-permanente

domingo, 12 de febrero de 2017

Adiós, Mercader de Libros

Vanessa López , hija de librero de viejo, editora del libro "Libreros" ,mercader, tradición heredada de su padre Leonardo López Casillas dueño de la librería "Mercader de Libros" ubicada en la calle de Donceles, un pilar de los libreros de viejo. Vanessa publicó una foto en su facebook "Adiós, Mercader", la imagen me entristece, es el cierre de un centro cultural en el cual conocí a Alberto Beltran Ilustrador , pues en ese local se realizo un homenaje a sus trabajo gráfico . Así como termina un espacio de debate, un espacio de ideas.
El cierre de esta librería es para muchos como el mismo colapso de una Academia, ahí fue donde aprendí el oficio del librero de viejo, entre polvo, estantes, concurrentes muy cultos y neófitos, todos buscadores de información contenida en los libros.

Se puede culpar el cierre de una librería a lo siguiente: El internet, la educación de nuestro país, la crisis económica, el mal manejo del librero, las rentas elevadas, el agotamiento del librero, las marchas y cierres de las calles constantes al estar  cercas de La Asamblea del DF hoy CDMX, a la venta desmedida de  piratería que se asienta en el Eje Eentral Lazaro Cardenas, al robo constante; Hoy los libreros retoman un descanso para realizar nuevas cosas, pues el mercader de libros no se le agotan las ideas en tiempos de crisis, el librero lee y tiene mucho de donde crear soluciones.

Los casos de Argentina donde se cierran librerías y se convoca a una venta a través de las redes sociales y los jóvenes asisten curiosos y abarrotan la calle para adquirir ejemplares, No es el caso de México.

Los casos de la librerías españolas donde muchas migraron al mundo de internet  por medio de páginas como iberlibro dejaron los locales para no pagar rentas caras.

Los casos de libreros mexicanos por el momento es alojar los libros en otros locales donde las rentas se minimizan y se dejan de pagar gastos operativos.

El cierre del "Mercader de viejo" es un comienzo para todos, pues el universo de las letras no tiene fin.

Estimado Leo gracias por ser uno de mis maestros en la lucha del librero de viejo.
Atentamente 
Cesar Salvador Gómez Diz
Librería Bibliofilia Aguascalientes 

Referencia de foto https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1215965935105227&set=a.622266481141845.1073741827.100000754958455&type=3&theater

domingo, 29 de enero de 2017

Librerías de viejo: Negocios que viven del amor al arte

Publicado por Lider Empresarial 22 de mayo 2016
Las calles con librerías de viejo son una rara avis en México. Tan solo tres ciudades en el país pueden presumir de tener uno de estos rinconcitos urbanos donde todavía huele a tinta y papel viejo. Una de ellas es Aguascalientes.
Se puede decir que en la urbe hidrocálida César Gómez Diz es el decano. Con un corazón librero forjado en la mítica calle Donceles de la capital mexicana –que, junto a Guadalajara, es parte del trío de ciudades con calles libreras–, siempre imaginó tener su propia librería de viejo. Con el cambio de milenio, cumplió su sueño y arrastró a otros locos de los libros detrás.
Así es como un pequeño tramo de la céntrica calle Matamoros, entre Nieto y Venustiano Carranza, se convirtió en la Donceles de Aguascalientes. Ya son ocho establecimientos en los que uno puede dar una segunda vida a sus libros, e incluso sacar algunos pocos pesos por ello.

¿Cuánto dinero cuestan mis libros viejos?

César explica que en el reciclaje apenas se compran a 40 centavos el kilo“así que sale mucho más rentable llevarlos a una librería de viejo”, donde además tendrán una nueva oportunidad en la estantería de otro amante de la lectura.
No hay un precio fijo, pero lo rentable es calcular un porcentaje del precio al que luego se puede vender ese libro. También hay lugares en donde se compran y venden al peso –una moda iniciada en Argentina tras el “corralito”–; sin embargo, en Aguascalientes no existe esa modalidad: no sabes lo que tienes hasta que el librero lo examina.

¿Y es rentable comprar y vender libros usados?

Lo cierto es que a los románticos como César les mueve más el amor al arte que otra posible motivación. “Si lo hiciera como un negocio, habría cerrado hace siete años”, reconoce.
De hecho, en estos momentos, llega más gente a vender que a comprar, por lo cual se puede decir que los locales de Matamoros cumplen más bien una actividad social: “Yo lo veo como un espacio cultural”, asegura.

¿Cómo es el vendedor de libros usados?

El librero se jacta de poder desnudar el alma de las personas que llegan a venderle sus libros con solo echar un vistazo a la mercancía: si son religiosos, les gusta la ciencia… Todo se puede saber por su biblioteca. “Son personas con cierto interés por los libros: prefieren venderlos que tirarlos –sostiene– y de algún modo, buscan compartir”.

¿Cuál es el perfil del comprador?

Los divide en tres clases: el que llega buscando una obra específica, los turistas –“los más interesados por el libro usado”– y un prototipo que está en peligro de extinción: “el que viene a ver qué encuentra” que, según él, normalmente es una persona que ronda los 40 años.

Historia de un libro

En los rincones del pequeño local de César se esconden miles de historias. Le cuesta elegir una de ellas, pero sin duda, una de las más curiosas arrancó el día que llegó el Diccionario Universal Biográfico y Geográfico del Mundo y de México, que describe como una enciclopedia de diez tomos, la cual podía haberse llegado a vender por 70,000 pesos.
Después de tenerla un tiempo a la venta, decidió darle otro uso. Llegó a la Ciudad de México con un librero de la calle Donceles y le hizo una curiosa oferta: la obra a cambio de que le pagaran una estancia de una semana en la capital del país. Le dolió separarse de tan preciado objeto, pero logró lo que quería.
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