miércoles, 26 de diciembre de 2012

Esforzarse por inventar lo viejo (o cómo salvar las librerías)


Esforzarse por inventar lo viejo (o cómo salvar las librerías)

24 FEBRERO, 2012
Manuel Gil publicó hace unos días en su blog Antinomias Libro un artículo muy interesante en el que ofrecía varias posibles estrategias para salvar las librerías independientes. Y mientras leía su artículo, no podía evitar acordarme de mis inicios en el mundo editorial como distribuidor.
Librería Pérgamo de Madrid. Imagen tomada dehttp://madridtipografico.blogspot.com.
Durante el tiempo en que trabajé para la distribuidora exclusiva de una editorial que no viene al caso mencionar, tuve que visitar (y no exagero) alrededor de dos terceras partes de las casi 500 librerías de la Comunidad de Madrid. Esto lo digo también para dejar claro que mis opiniones sobre las librerías se basan en una muestra que considero bastante representativa.
Mi impresión de las librerías que visité (y reitero que estoy hablando de más de 300 establecimientos distintos) fue, por lo general, muy negativo. Y no hablo desde la perspectiva del distribuidor que ha de colocar un producto y regatear unos descuentos, ya que tuve la suerte de no ver mi sueldo condicionado a ventas, algo muy raro en el mundo del comercial de la distribución. Claro que mi situación era excepcional, como excepcionales eran las adversas condiciones en que tenía que hacer mi trabajo a diario.
Si mi impresión fue negativa en general, lo fue porque en la mayoría de los casos los libreros con los que traté vendían libros como podían vender chucherías, bragas o disfraces.De hecho, algunos de ellos solo tenían licencia de librería para poder vender libros de texto al comienzo del curso escolar y unos cuantos best seller el resto del año, como complemento a los ingresos de negocios tan diferentes como mercerías o frutos secos.
A la mayoría de esos negocios, aun cuando carecieran de valor alguno para la cultura o el fomento de la lectura, les reconozco no obstante una importancia como parte de sus barrios, en el sentido que defendió Jane Jacobs en su Death and life of great American cities, y que está en la base misma del Informe Portas sobre las calles comerciales que Manuel Gil cita en su artículo.
Lo que no equivale a afirmar que tuvieran algún valor cultural. Porque si algo tengo claro desde que trabajé en distribución, es que la mayoría de las librerías independientes carecen por completo de valor cultural.
Si una afirmación así escandaliza a alguien, es porque no estamos atribuyendo el mismo significado a la expresión “librería independiente”. Yo me atrevo a hacer una declaración tan tajante solo porque estoy considerando librería independiente a todo local que vende libros y no forma parte de una cadena de librerías.
No viene muy a cuento para este artículo, pero me gusta Forges.
Por supuesto, esto incluye las papelerías que venden las lecturas que se prescriben en los centros escolares próximos y libros de texto. Reconozco a estos negocios un valor para la vida de sus barrios, pero no para la cultura.
Las librerías a las que sí reconozco un valor como difusores de la cultura, como uno de los mayores centros de fomento de la lecturajunto con las bibliotecas, están viviendo tiempos difíciles. En eso, coincido con Manuel Gil.
En lo que no coincido es en las recetas que propone. Tal vez porque la heterogeneidad de las librerías es tal, que haría inviable su aplicación en la mayoría de los casos. Y porque, además, requieren un gran apoyo económico por parte de la Administración pública, ya sea por la eliminación del IVA para libros o la reducción en otros impuestos; o por la financiación del ICO, que no olvidemos es la agencia financiera del Estado.
Una de las principales objeciones al artículo de Manuel Gil es que se basa en varios axiomas:
  • Las librerías son buenas para los barrios donde se encuentran y sirven para estructurarlos, en contraposición a, digamos, otro negocio cualquiera que no venda libros.
  • La desaparición de las librerías sería una tragedia.
  • Sabemos de qué hablamos cuando hablamos de librerías independientes.
  • Las librerías que llama independientes, sin precisar en qué consiste esa independencia, tienen todas valor cultural.
Me refiero a estos presupuestos del artículo de Manuel Gil como axiomas porque eso es precisamente lo que son: proposiciones que toma por tan evidentes, que no requieren demostración.
Pero sí necesitan una demostración, porque no solo no me parecen evidentes sino muy dudosas.
Vayamos axioma por axioma.
El axioma de la librería como cohesionador social
¿Qué hace que una librería cohesione más un barrio que, por ejemplo, una panadería o una ferretería a la que acuden los vecinos?
La cohesión de los barrios depende de muchos factores, entre ellos la capacidad que tienen para mantener sus calles activas a lo largo del día, por medio de espacios públicos compartidos y de negocios de todo tipo, pero sobre todo aquellos que sirven de punto de encuentro.
En este sentido, podría decirse que una panadería o un bar son mayores cohesionadores sociales, pues atraen a todo tipo de gente, mientras que las librerías atraen a vecinos que comparten un interés muy específico, y eso solo en el mejor de los casos.
El axioma de la tragedia de la desaparición de las librerías independientes
La situación actual está ayudando a que aparezcan muchas editoriales independientes de escasa entidad aún, pero que están encontrando en Internet un modo de ganar un público. Esto es esencial, y cuestiona el axioma de la tragedia de la desaparición de las librerías, entendidas como locales de venta de libros a pie de calle, independientes o no.
Porque las librerías independientes hasta ahora no han podido conceder a muchas editoriales pequeñas la masa crítica de compradores necesaria para su supervivencia.
En esencia, la pregunta (muy común en estos últimos años) es si el papel de las librerías como mediadoras entre oferta editorial y compradores de libros será necesaria en el futuro, o si esa intermediación le está siendo “usurpada” por otros agentes que harán que las librerías sigan desapareciendo de las calles.
¿Por qué tenemos que influir con ayudas en el mercado para mantener a las librerías en su viejo papel, cuando hay otros mecanismos que pueden ser más eficaces para difundir la oferta editorial y hacerla llegar a lugares donde la librería no podía llegar?
El axioma de la independencia de la librería independiente
Sin ahondar más en este axioma, creo que basta con hacerse las siguientes preguntas:
  • ¿Es librería independiente la que mantiene un espacio para libros de editoriales independientes?
  • ¿Es librería independiente solo la que no forma parte de una gran cadena de librerías?
  • ¿Es independiente la librería que vende solo lo que considera valioso culturalmente, sin importarle si hace suficiente caja para pagar el alquiler del local?
  • ¿Deja de ser independiente una librería cuando empieza a necesitar vender papelería, best sellers o juguetes?
El axioma del valor cultural de las librerías independientes
Este axioma quedaría desmontado por las mismas preguntas acerca de qué hace que una librería sea independiente.
Estoy seguro de que casi todos los que nos consideramos letraheridos podríamos ponernos de acuerdo acerca de qué librerías tienen valor cultural y cuáles no. Sin embargo, en el artículo de Manuel Gil esta cuestión es imprescindible para definir aquellas de sus propuestas que requieren ayudas económicas públicas.
Porque, ¿estamos dispuestos a conceder ayudas a todo local con licencia de librería? ¿O queremos restringirlas para evitar que se beneficiara de ellas un establecimiento que solo tuviera licencia de librería para vender libros de texto y centrarse el resto del año en otros productos?
El viejo modelo intervencionista
La respuesta a la pregunta sobre si restringir o no las ayudas se puede intuir en la propuesta de Manuel Gil de la creación de un sello de calidad para las librerías. La idea de esta marca de calidad me gusta, como me gusta la idea de que los libreros tomen conciencia colectiva de las dificultades de su trabajo y busquen soluciones. Pero esto último ya lo hacen, reuniéndose en los congresos de libreros.
Voy a tomar el sello de calidad como ejemplo paradigmático de los problemas que crea, más que resuelve, Manuel Gil con su lista de propuestas. Supongo que un sello así lo otorgaría alguna entidad gremial como CEGAL. Y supongo que, si se pretende ser selectivo con respecto a la clase de librerías que se podrían beneficiar de las ayudas propuestas (para evitar que las ayudas lleguen a la mercería librería que adquiere la licencia solo para vender libros de texto), haría falta una entidad que mediara entre la Administración que las concede y los negocios que las solicitan.
Librería Rafael Alberti de Madrid
En resumidas cuentas, se aboga por un mercado que mantendríamos de manera artificial con ayudas públicas, concedidas recurriendo a alguna entidad gremial que haría de intermediario y, por decirlo de una manera clara, repartiría el dinero recibido de la Administración. Y todo para, como decía arriba al hablar del axioma de la tragedia de la desaparición de las librerías, proteger a toda costa un statu quo que sufre el asedio de los cambios en el mercado editorial.
Tengo la suerte de que en mi barrio hay una librería independiente de calidad: Rumor. A mí tampoco me gustaría que desaparecieran librerías como Rumor, como la Rafael Alberti de Madrid, como JarchaLaie (que está adaptándose mejor que otras librerías) u otras más modestas, como Arriero de Torrejón de Ardoz.
Pero tampoco querría que sobrevivieran a base de ayudas públicas, como si fueran reliquias que hubieran de recordarnos un tiempo en el que, para comprar un libro, había que ir a una librería y, si no tenías la suerte de que estuviera en sus estanterías en ese momento, pedirlo y esperar a que el distribuidor lo sirviera. Porque yo no estoy dispuesto a renunciar a ojear un catálogo inabarcable de libros en alguna librería online y comprarlo sabiendo que lo recibiré en un par de días en casa. Y no creo que las librerías se salven con códigos de buenas conductas, la retirada de los carros de compra de las páginas web de editoriales o el desvío de las compras institucionales a las librerías a pie de calle.
Si las librerías han de salvarse, y así lo deseo, será encontrando su lugar en la situación actual, no sobornando la realidad con ayudas públicas ni haciéndonos ilusiones sobre las bondades de las redes sociales o páginas web como Todos tus libros que le dicen a alguien dónde está el libro que busca. Como si un comprador de libros que sabe buscar en esa página no fuera capaz de encontrar el libro que busca.
La mayoría de nosotros dependemos  cada día menos de las librerías. No solo para la compra, sino también para lo que, en las conclusiones del último Congreso Nacional de Libreros, se llamaba “el papel prescriptor del librero”. Los lectores de hoy saben dónde encontrar los libros. 

http://agoraonunca.wordpress.com/2012/02/24/salvar-librerias-recetas/

Internet salva a los libreros de viejo


Internet salva a los libreros de viejo

Internet es la cruz y la oportunidad de salvación de los libreros de viejo. Quienes se dedican a la comercialización de libros antiguos (del siglo XVIII para atrás), de viejo (con más de 25 años) y de saldo han encontrado su modo de supervivencia en la Red. Cada vez son menos las personas que se acercan a los establecimientos en los que se arrumban obras impresas en un caos solo aparente. En cambio, el asentamiento de portales como Iberlibro y Uniliber, que acumulan en su catálogo cientos de millones de volúmenes, ha permitido que muchas librerías salgan adelante en tiempos difíciles. Los investigadores y coleccionistas ya no tienen necesidad de ir a la caza del libro raro peregrinando por estas tiendas con sabor de almoneda. De hecho, en muchas librerías el 80% de las ventas se ejecutan por Internet. Hoy, que se celebra el Día del Libro, el gremio se queja de que su público mengua y envejece. Mientras se avecina el imperio de la tinta electrónica, nadie se imagina un recambio generacional de los clientes asiduos a estos negocios vetustos.
Con todo, la decantación por el comercio 'online' conlleva una penitencia. «Se ha duplicado el trabajo. Ahora es necesario actualizar el repertorio y las fichas, contestar a correos electrónicos e informar a los clientes del estado de conservación de un volumen», asegura el presidente del Gremio Madrileño de Libreros de Viejo, Fernando Contreras. Pese a que la Red ha librado de la quema un oficio que Contreras considera se halla en «vías de extinción», Internet es un territorio «descontrolado» y poblado de intrusos. «Hay gente que se dedica a la venta de libros de segunda mano sin pagar IRPF, IVA ni autónomos», apunta el presidente de la organización. Por añadidura, para funcionar con garantías de éxito es preciso disponer de al menos 20.000 volúmenes, lo que exige el alquiler de un almacén.
Lo nuevo se alía con lo viejo. En un sector tan tradicional como los libreros de lance una multinacional nacida al calor del comercio electrónico como Amazon ha irrumpido con fuerza en el sector. El gigante estadounidense adquirió en diciembre de 2008 la compañía canadiense AbeBooks, que a su vez es propietaria de IberLibro, la web española de compraventa de libros de segunda mano. En Abebooks están disponibles más de 140 millones de libros antiguos, nuevos, agotados y de ocasión. En Uniliber, además de volúmenes de segunda mano, se pueden adquirir objetos antiguos de coleccionismo.
A diferencia de lo que ocurre en la industria editorial, el público que acude a las librerías de viejo escapa con más facilidad de las modas. Aunque es un tiempo de vacas flacas, ahora el gusto dominante se inclina por los libros de cocina, de caza y el libro local anterior a la Guerra Civil. También gozan de buena acogida los que versan sobre oficios artísticos y los de viajes, mientras que los de caza y los taurinos tuvieron su época de esplendor hace unos años.
Entre las joyas que vende Contreras figura un manuscrito original de Emilio Arrieta, un músico navarro que fue maestro de Isabel II. La pieza en cuestión es la partitura de una canción caligrafiada con tinta dorada que se vende por 7.500 euros. No obstante, se puede ser un bibliómano por precios asequibles. «Cualquiera puede comprar una edición de Calderón, Quevedo o Lope de Vega del siglo XVIII por 300 euros», dice Contreras. «Y las primeras ediciones de Galdós, Juan Valera o Alarcón están tiradas de precio».
Los libros del siglo XIX, hechos con papel de mala calidad y componentes químicos que los hacen perecederos, están bastante depreciados. No ocurre lo mismo con los del XVIII. El Siglo de las Luces constituye la edad de oro de la imprenta. Los libros de la Ilustración son los más codiciados por los coleccionistas. No en vano, fue en esa época cuando mejor se editaba, con márgenes amplios y excelentes materias primas. Si además se hallan bien encuadernados, con estampaciones y encuadernaciones cuidadas y atractivas, los precios pueden ser exorbitantes. Una obra que apetece poseer a cualquier bibliófilo es la primera edición de 'El Quijote' publicada por la Real Academia en 1780. Entonces se convocó un concurso para ilustrar la novela, al que se presentó Goya con dos estampas que al final fueron desechadas. Esta obra que los coleccionistas ambicionan ronda los 15.000 euros.
Frente a estos precios desmesurados, los libreros de lance ofertan ejemplares por unos pocos euros, y a veces ni siquiera eso. En la era de Google y Wikipedia son muchos los que quieren deshacerse de sus viejas enciclopedias y colecciones. «No las queremos ni regaladas. La enciclopedia Espasa, que es inmejorable, no se vende ni poniendo a 50 céntimos el tomo», arguye Contreras.

http://www.hoy.es/v/20120423/sociedad/internet-salva-libreros-viejo-20120423.html

El fúnebre cierre de librerías en Madrid


El fúnebre cierre de librerías en Madrid

2 DE DICIEMBRE DE 2012

Julián Sauquillo

Cartel conmemorativo del Día de las Librerías 2012, que se celebró el pasado vienes, 30 de noviembre. / diadelaslibrerias.es
Hace cerca de veinte años, en París, unos jóvenes mexicanos de clase media y alta, mexicanos bien situados en los centros universitarios de aquel país hermano, celebraban a España como el “paraíso del papel”.  Tanto elogio era más que apreciable al venir de los nietos de aquel mestizaje ilustrado de republicanos españoles y mejicanos, solidarios con la desgracia española, que fundó Fondo de Cultura Económica. Una editorial de referencia en todo el mundo de habla española sobre cuyo sello editorial mi amigoHéctor Subirats, exdirector del Fondo, se ocupó de desmentir esa anécdota frecuente que atribuye a una gran errata que se llamará así en vez de Fondo de Cultura Ecuménica. Aquel comentario tan elogioso de nuestra empresa editorial coincidió con el derrumbe económico de la editorial Bruguera y la salida de su catálogo como libros de lance a un precio de saldo. Pero, entonces, la fortaleza de editoriales como Alianza Editorial, Edicions 62, Alfaguara, Tecnos, Anagrama, Seix Barral, Visor o Hiperión  formaban una constelación de papel bibliográfico admirable. Ya desde el comienzo de la transición, mi generación –la que ha superado tranquilamente los cincuenta– comenzaba a formarse la biblioteca privada, a pie de obra, como el mayor orgullo personal. Habíamos experimentado que pasear con Confieso que he vivido (1974), de Pablo Neruda abría mundos de ensueño y, a veces, placeres físicos con las amigas. Aquel libro era un paralelepípedo mágico donde se narraba cómo el poeta rescató a algunos republicanos a la deriva con un barco. Mucho tiempo después, escuché de Jorge Edwards, en una cena privada, que los jóvenes poetas chilenos se referían a este afrodisiaco intelectual de mi generación como Confieso que he bebido, algo desmitificadoramente.
Las grandes editoriales eran impulsadas por brillantes editores, antes que nada formidables lectores, como Carlos BarralPere GimferrerJavier PraderaMario MuchnikManuel GarridoPepe Esteban… y sus ediciones brillaban en librerías de leyenda: Antonio Machado, Visor, Rafael Alberti, El Tragaluz, Méndez, Hiperión, La Librería de Mujeres, El Buscón, Fondo de Cultura Económica, Fuentetaja, Rumor, La Regenta,… Todavía en los años setenta, entrar a las librerías inquietaba a un sector de la población que no se había familiarizado con estos espacios tranquilos. Los asociaba a la gran cultura reservada para otros. El Círculo de Lectores llamaba a las puertas de los domicilios para ofrecer una compra mediante encargo de la revista del mes y hacía una difusión popular del libro admirable. El pasado miércoles 21 de noviembre, el Círculo de Lectores-Galaxia Gutemberg homenajeaba a Javier Pradera, uno de los grandes escritores, en su etapa de comunista crítico, que abrió la revisión del marxismo aún antes que Fernando Claudín y Jorge Semprún, con su abandono del partido. Quedó clara la dimensión intelectual de un hombre que aunó personas de muy diferentes ideologías y donó múltiples ideas en vez de atender, por encima de todo, a su obra como tantas fabriles hormigas académicas.
Ahora coincide el cierre de múltiples librerías –Hiperión, El Bandido Doblemente Armado, El Tragaluz, Rumor, La Regenta…–, algunas con más de treinta años de existencia, y un frenesí editorial de publicaciones, patrocinado también por pequeñas editoriales jóvenes –errata naturae, Nórdica, Capitán Swing, El Acantilado,…– mezclado con la fundación de pequeñas librerías: La Fugitiva, Tipos Infames, El Traidor, La Marabunta, La Buena Vida-Café del Libro,… con un pronóstico reservado. Se trata de toda una huida hacia delante. A pesar de constituir ambientes apropiados a la lectura, la reflexión y la tertulia, las nuevas librerías no reúnen el dinamismo comercial que sería esperable de lugares tan deliciosos. Las pequeñas librerías han acusado el bajonazo económico en las compras públicas por la red de bibliotecas de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Hasta el 2010, se daban las compras necesarias para que subsistieran, pero llevan dos años de sequía absoluta de compras públicas. Ni la clase media (menguante) ni el profesorado (precario) compran suficientemente. Se ha retraído enormemente la venta en las librerías universitarias y han comenzado los ERE en este servicio imprescindible.
De las ventas de libros de segunda mano y antiguos mejor no hablamos. Las dos ferias del libro viejo y de ocasión que se celebran anualmente en Madrid son un profundo fracaso de ventas. Las librerías de libro antiguo y de ocasión se sostienen gracias a algún buscador con servicio de correos para facilitar el libro encontrado, dentro o fuera de la provincia del lector que afronta los gastos de envío –fundamentalmente, Iberlibro. Los libreros antiguos están haciendo un esfuerzo de permanencia horaria inmenso para captar clientela suficiente. Es una labor de ensanchamiento horario de empresas familiares que ya se observaba en la ciudad librera por antonomasia: Buenos Aires. No es que a algún porteño le sea necesario el libro de Lacanprologado por Oscar Masota para conciliar el sueño en plena madrugada, es que se pillan más despistados y caprichosos compradores si no se cierra ni por la noche. La necesidad hace virtud librera en las espléndidas tiendas de segunda mano de las calle Corrientes y Santa Fe de la capital argentina. Aquí, con una clase media menos amiga del libro que la argentina, va a tener que suceder un milagro para que no sean los grandes almacenes o las grandes extensiones de libros –La Central, FNAC y la Casa del Libro- las proveedoras del libro en régimen de oligopolio. ¿O tendremos que volver a la edición del libro por suscripción, a casi cien años de la publicación del Ulyses (1922) de Joyce por Shakespeare & Company en París?
http://www.cuartopoder.es/soldeinvierno/el-funebre-cierre-de-librerias-en-madrid/2849

lunes, 24 de diciembre de 2012

Video de Librería "Libros de Juan" Colombia

Librería "Libros de Juan"
Un video donde el propietario se interesa mas por el libro que por su valor monetario, un bibliófilo colombiano.

 Juan Hincapié, como buen historiador, tiene una obsesión con el pasado. Pero en su caso, es especialmente con los libros. Y entre más antiguos estén más despiertan su fervor de coleccionista. A partir de todos los que han llegado a sus manos por casualidad, los que ha encontrado sin buscarlos pero queriéndolos, o los que ha perseguido hasta el cansancio, ha podido crear su propia librería en Medellín como una forma de compartir lo que ha sido su vida de enamorado por la historia.


sábado, 15 de diciembre de 2012

Librerías de viejo, en busca de mejores tiempos


La consulta en Internet, la falta de conocimiento en los títulos y la crisis económica afectan su compra, aseguran vendedores.
EN LAS LIBRERÍAS DE VIEJO SE PUEDEN ENCONTRAR VOLÚMENES USADOS, ANTIGUOS, DESCATALOGADOS, RAROS Y CURIOSOS.
Los libros olvidados que están en el mueble de la sala o los ya muy viejos que han tomado un tono amarillo son útiles y hasta podrían incrementar el ingreso económico a su hogar, debido a que en la ciudad se encuentran decenas de librerías que compran y venden este tipo de reliquias textuales. Se trata del intercambio de libros que mientras a alguien ya no le sirven, otra persona los necesita.
En muchas ocasiones, estas librerías son para los amantes de los libros la principal opción en la búsqueda del texto deseado, además de fungir como guía, al acercar y fomentar la lectura en un precio accesible en comparación con los nuevos. Pero a pesar de esto, la crisis económica y el desarrollo de la tecnología, especialmente Internet, han afectado las ventas, según comentan sus dueños.
“Todos los días hay familias nuevas que tienen computadora e Internet y eso va mermando la venta de esto”, comenta Macario Zamora, dueño de la librería El desván del Quijote, ubicada en López Cotilla 813, por lo que para subsistir ha tenido que invertir dinero de otros negocios.
Con este comentario concuerda la encargada de la librería Ítaca, situada en Marsella 159, Leslie Vargas, quien considera que, en los últimos años, las ventas bajaron y aunque la temporada decembrina normalmente es buena, “en general ha estado tranquilo”. A esto se suma también la ubicación del local y en el caso de Ítaca, comenta su dueña, es la segunda opción de los compradores en la zona, puesto que primero se van a las grandes empresas que están en la colonia, como Gandhi, Fondo de Cultura Económica (FCE) o Gonvill. “La gente primero se va a Gandhi, a los nuevos y muchas veces no se dan cuenta que estamos nosotros o ya nos toman como última alternativa, cuando de plano no lo encuentran en las otras”.
Para Macario Zamora, otra deficiencia que no ayuda a que prosperen las librerías de viejo, como se les llama, es la falta de profesionalización del vendedor o librero, quienes no tienen conocimiento sobre cómo se fabrican los libros, su valor, el nombre de los títulos clásicos o las novedades, además de no tener contactos para localizar el texto que el cliente les pida. “El problema es que llegas a una librería y no te saben, sólo son vendedores”. Y esto, asegura, es necesario.
Las librerías de viejo trabajan mediante la compra y venta de libros usados, en donde cualquier persona que le interese algún texto o tenga libros que ya no los utiliza en casa puede ofrecerlos.
Alberto Cervantes tiene en Juárez 582 la librería Cervantes desde hace veinte años y menciona que ahora los jóvenes “bajan de Internet los libros y si no los encuentran, entonces ya los buscan acá”. Las temporadas que aumentan un poco las ventas son cuando ingresan los estudiantes a clases.
Carlos Romo tiene 31 años dedicándose a vender libros. Desde hace cuatro años, la librería Romo incluyó en su catálogo también el nicho de los libros usados, porque según su dueño, son más vendibles que los nuevos. Además, donde se ubica su negocio, en López Cotilla, se “llenó de este tipo de librerías y también le tiene que entrar uno a la competencia”.
El poder adquisitivo y la prioridad que las personas les dan a la compra de un libro es el principal factor de las bajas ventas, aunque “se tiene más libertad en gastar 30 y 40 pesos en un libro usado que 200 en uno nuevo”.
En general, comentan los libreros, los clientes que frecuentan estos negocios son jóvenes de entre quince y veintidós años, además de los compradores más consolidados, como los adultos jóvenes.
Claves
Primeras ediciones y joyas literarias
• El libro más caro que recientemente ha vendido la librería Ítaca fue de nueve mil pesos, una primera edición de Pedro Páramo. En 32 mil pesos, una enciclopedia del siglo XIX ha sido uno de los textos más caros que ha vendido la librería El desván del Quijote.
• Las librerías de viejo trabajan mediante la compra y venta de libros usados, donde cualquier persona puede ofrecer los libros que desee y se cotizan según la antigüedad y el tema que traten.
• Los libros más viejos que ocupan el catálogo de estas librerías datan del año 1700.
• La librería Ítaca cuenta con aproximadamente cinco mil libros en su catálogo. La librería Cervantes, aunque no ha hecho inventario, calcula tener seis mil textos. La librería El desván del Quijote, con cuatro sucursales, dispone de 70 mil libros.
A viva luz
Un paraíso de letras
Sitios que sobreviven con el paso del tiempo aunque sus libros estén amarillos y a punto de deshojarse. Catálogos de títulos que no están inventariados electrónicamente, según sus encargados, y que sin embargo cuentan con una abundante lista de títulos que son descontinuados, hay pocas ediciones o son, a veces, ejemplares únicos.
En algunos puntos de Guadalajara persisten las librerías de viejo, algunas creadas desde hace más de quince años y otras con menos tiempo pero que se han hecho de fama por su gran abanico de títulos, que abarcan desde las novedades a las más antiguas ediciones.
Algunos editores independientes relatan su percepción de estas librerías, las que fueron y son sus favoritas, las compras que han realizado y algunos de sus retos.
JORGE ORENDÁIN
Editorial La Zonámbula
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Sólo recuerdo la librería Cervantes y la que me gustaba mucho pero desapareció porque murió su dueño, Silvestre Macías, era Jardín de senderos. Recomiendo la librería Cervantes todavía.
Las librerías de viejo siento que tienen que actualizarse y replantearse ese estigma de libros usados nada más y meter otro material que también sea accesible para los lectores.
El libro es un objeto insustituible, aunque reconozco las grandes virtudes que tiene la computadora o todo lo que tiene que ver con el mundo cibernético, pero sí se siente una disminución en cuanto a la lectura de muchos lectores potenciales, incluso de lectores que suelen ir a las librerías de viejo ya los puedes conseguir vía Internet.
FELIPE PONCE
Ediciones Arlequín
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Para mí es fundamental la existencia del librero de viejo. Es conocedor y encaminador a lectores. Personalmente, puedo decir que desde niño visito esas librerías y poco a poco en ellas me he surtido de una biblioteca atractiva para mí y es mi mejor manera actualmente incluso de surtirme de libros.
Recomiendo la librería Cervantes, la número dos es El desván del Quijote y otro de los libreros al que le compro es Antonio Mendoza, que lo veo en los tianguis.
Tengo la percepción de que ha aumentado el número de librerías y el número de personas que venden este tipo de libros, por ejemplo, en los tianguis; hay también chachareros que venden, pero eso es otra cosa.
JORGE SOUZA
Director de Literatura de la Secretaría de Cultura de Jalisco
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No creo que las librerías de viejo estén en extinción, ahora están más organizadas. Se ponen en el tianguis de Chapultepec, en el del Ex Convento del Carmen los viernes, en el tianguis cultural… Creo que tienen un público que no las abandonaremos jamás.
No se pierde la sacralidad del libro como objeto. Todavía un incunable o un libro de esos raros te estremece, te conmueve, el libro sigue siendo un libro sagrado en muchos sentidos y sí, claro, hay que pensar también que esa devoción al libro está ligada a su contenido. Hay algunos que no merecen más que regalarse o tirarse.
Yo siempre he pagado poco, lo más que he pagado han sido doscientos pesos por los del parnaso mexicano, los tres números.
LUIS ARMENTA
Mantis Editores
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Yo iba con Silvestre Macías, de Jardín de senderos. En la actualidad me manejo muy poco de librería de viejo, si quiero un libro usado lo busco en Amazon.
De viejo es mejor en México, en la calle Donceles, que es donde están todas las librerías. Pero en Guadalajara, lo último que me compré fue en el callejón del Ex Convento del Carmen.
A mí me parece que a los amantes de los libros, las novedades no siempre les dejan satisfechos. Hay que buscar en libros antiguos, en libros viejos, en los que va llevando la gente a veces por la ciudad o cuando muere un escritor, que se deshacen de su biblioteca, es cuando te puedes hacer de un libro interesante.
Los formatos electrónicos, lo que nos han permitido es revalorar todos estos libros antiguos o los libros que están haciendo con mejores materiales, nuevas tipografías, que no te permite el libro electrónico.
Guadalajara • Miriam Pulido
http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9090875

domingo, 2 de diciembre de 2012

"Libros robados" El bibliomano


Guillermo Fricke, director del Insitito de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) admitió, en entrevista, que la pieza del mes, que se encuentra en exhibición desde el lunes, demuestra las flaquezas de esta institución, así como el mal uso de los lectores de esta biblioteca. Un lote de 43 libros, encontrados en una librería de viejo, del centro de la ciudad, fueron recuperados; aún no se sabe cuántos ejemplares fueron sustraídos.
De estantería abierta, pública y con un acervo de más de 66 mil libros, la colección del IAGO que se encuentra repartida en sus dos sedes fue donada por Francisco Toledo cuando fundó este instituto. Ante el hallazgo de obras con el sello de esta biblioteca, el artista, activista y filántropo hizo un fuerte llamado de atención al personal labora en estos espacios.
Mientras tanto, el director del IAGO, calificó de lamentable que después de robar los libros los hayan malbaratado en una librería de viejo, en la que los ejemplares podían encontrarse en 30 o 40 pesos.
"Si te robaran los libros y los pasaran a otras o personas o los tuvieran en sus casas no sería tan grave como venderlo y sacarles 20 pesos a los libros, lo más triste es que es algo frecuente. Encontramos 43 libros, pero no sabemos cuántos fueron, estamos haciendo un inventario. Como pieza del mes, esta exhibición demuestra las flaquezas del IAGO".
Guillermo Fricke mencionó que la falta de presupuesto es lo que nos tiene ahorcada y sin poder trabajar a esta institución. Refiere que el hecho de que el maestro Toledo haya decidido poner los libros como pieza del mes hace quedar en vergüenza al personal del IAGO y demuestra que no están haciendo bien su trabajo.

Sin medidas de seguridad
En comparación con otras bibliotecas, las del IAGO cuentan con estantería abierta, así el usuario puede escoger de su propia mano el libro que quiere leer y si cuenta con credencial expedida por esta biblioteca, incluso se lo puede llevar a su casa. Después de que terminen el inventario no se tomarán otras medidas más allá de no permitir que se ingrese con bultos y bolsas a las salas.
La biblioteca el IAGO de Avenida Juárez es de donde salieron más libros, permanecerá cerrada hasta que se termine de hacer un inventario total. Fricke comentó que se ha pedido a los usuarios que tienen libros en préstamo que los regresen apara integrarlos al inventario.

Pieza del mes
Como pieza del mes, en el IAGO, se encuentran expuestos los 43 libros recuperados, mediante una compra, en la librería Mompracem, sita en Pino Suárez 200. El hallazgo lo hicieron alumnos del taller de literatura del instituto, quienes dieron el "pitazo" al director de la biblioteca y al acudir a la librería, el dueño de la misma decidió venderles los libros en 20 pesos, cada uno, para no perder su inversión.
"El dueño de la librería Mompracem se dedica a comprar libros usados y de viejo, cuando fuimos a ver los libros, a hojearlos uno por uno, encontramos libros que tenían nuestros sellos, otros mutilados donde debía ir el mismo... Buscamos por editorial, casi todos eran de Acantilado, que es difícil de conseguir en la ciudad de México y que no es barata, ahí estaban los ejemplares en 30 o 40 pesos" relató Fricke.
Finalmente, el director del IAGO expresó que tuvieron que pagar para obtener de regreso lo libros robados. El dueño de la Mompracem no proporcionó el nombre de quien se los vendió y dio descripción física que no lleva a nada. La pieza del mes estará expuesta el tiempo que tarden en encontrar al responsable y vemos donde está la falla.

Acervo del IAGO: Más de 66 mil volúmenes.
Biblioteca del IAGO Macedonio Alcalá: Libros de diseño, cine, fotografía, pintura, dibujo, escultura, arquitectura, bellas artes, historia, teoría y ensayo.
Biblioteca del IAGO Avenida Juárez: literatura, música y poesía; Fonoteca Eduardo Mata.

El dato
La mayoría de los libros robados eran de literatura. Algunos de crítica de arte, ensayo, crónicas. Ninguno de arte.

LA FRASE
"Estamos a la espera de que la PGR venga a tomar declaraciones, quedaron de venir el viernes y no lo hicieron. Llevaremos esto hasta las últimas consecuencias."
GUILLERMO FRICKE, DIRECTOR DEL IAGO

 TEXTO Y FOTOS: CARINA PÉREZ GARCÍA
http://www.bibliographos.net/article.php?id_article=2820
http://www.noticiasnet.mx/portal/arte-cultura/90336-demuestran-libros-robados-flaquezas-del-iago

Es una lastima que el librovejero participe en la compra de ejemplares que pertenece a bibliotecas o instituciones  gubernamentales, así muchos entran en esta practica que desprestigia el gremio librero, por eso como consejo es importante al hacerle una compra a una dependencia o biblioteca gubernamental solicitar la hoja de baja , hoja de descatalogado con los sellos en los libros para no comprometer a librero*
*Nota de Cesar Diz