jueves, 14 de mayo de 2009

La promoción de lectura en librerías dentro del Plan de Lectura español


Programa de promoción de las librerías como centros de fomento de la lectura

Descripción:

A través de la subvención nominativa que recibe CEGAL, se realizan diversas actividades relacionadas con la promoción de la lectura a través de las librerías, mejorando la calidad de su servicio, la formación de los recursos humanos, el uso de nuevas tecnologías e impulsando proyectos de animación lectora.

Las actividades engloban: el programa de calidad en las librerías, el programa de formación de libreros, la mejora de la web de CEGAL, la ayuda para la promoción de Proyectos Librerías, el Premio al Librero Cultural y el Club Lector Infantil y Juvenil, Kirico, de las librerías españolas.

Los objetivos del nuevo Club Lector son dobles: por una parte formar lectores, y por otro facilitar a los libreros la constitución de un fondo de literatura infantil y juvenil de calidad, así como orientarles a la hora de organizar actividades enfocadas al fomento de la lectura, facilitándoles un material que les permita crear un espacio privilegiado en sus librerías. El club KIRICO se presentó oficialmente el 2 de abril (Día internacional del libro infantil) del 2003.

Objetivos:

- Reforzar los puntos fuertes y superar las debilidades que presentan las librerías españolas, de cara a una mayor implicación en el acercamiento a la lectura y la consolidación del hábito lector.

- Fomentar el servicio de orientación a la lectura para familias, niños y jóvenes a través del proyecto "Club lector KIRICO".

Entidad responsable: Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros.

Periodo de realización: Todo el año 2004.

Más información: http://www.clubkirico.com/P_kirico/10/intro.htm

Tomado de Plan del fomento de la lectura. Ministerio de Educación Cultura y Deporte de España

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La experiencia del Club Kirico (CEGAL)

En el ámbito hispánico la experiencia del Club Kirico patrocinada por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) ha sido particularmente visible, además de exitosa. En una entrevista para el Boletín RED LIBRERÍAS 6 el presidente de CEGAL, Fernando Valverde, señaló que una de las claves del gremio librero en España había consistido en aliarse con entidades expertas en promoción de lectura y en fomentar entre los libreros acciones conjuntas que generaran nuevos lectores y nuevos compradores. En esa entrevista añadió que el ejemplo más visible de esa estrategia era el Club Kirico, que al finalizar 2004 agrupa cerca de 100 librerías. Para saber qué es el Club Kirico acudimos a su página web.

¿Qué es el Club Kirico?

Es un proyecto que nace desde el grupo de librerías Kirico asociadas a Cegal para:

  • Fomentar la lectura entre los niños y los jóvenes.
  • Proponer desde las librerías libros de calidad.
  • Contribuir a la formación de la biblioteca familiar.

Somos un grupo de libreros interesados por la difusión de la literatura infantil y juvenil. Cada tres meses, ofrecemos a los más jóvenes una selección de libros para que el lector elija los que más le gusten y forme su biblioteca personal.

Queremos potenciar las librerías como espacios de difusión de la cultura y de promoción de la lectura.

Los libreros ofreceremos cada mes un listado de libros seleccionados y recomendados por temas y por niveles lectores.

Tipo de actividades del Club Kirico en un día

Las librerías del club Kirico programan actividades para fomentar la Lectura, encontrarse con otros lectores y pasarlo bien

Día : Sábado 5 de febrero de 2005

Club Kirico : Cuentacuentos Rayuela. Málaga

Todos los sábados a las 12.00 horas.Tendrá lugar la actividad de cuentacuentos.

Club Kirico : Tertulia en Escarabajal. Murcia

Presentará los cuentos: "Sábado de Gloria" de Mario Benedetti y "Casa Tomada" de Julio Cortázar de 18.00 a 20.00 horas.

Club Kirico : Tony Amago (Ilustrador). Madrid

Nos enseñará a ilustrar historias, y "algunos trucos". A las 12.00 horas.

Club Kirico : Contadora Mariona Cabassa . Segovia

Cuentacuentos: " Claudia y el toro", "Huevo frito" y otros cuentos. A las 12.00 horas.

Robo de Libros

Robar libros no tiene nada de romántico

Por ÁNGEL BERLANGA

Del otro lado del mostrador, los libreros que sufren económicamente los afanes literarios de los escritores, coinciden en una cosa: el romanticismo de robar libros se acabó. No existe más el ladrón amante de la literatura que roba ese libro que tanto deseaba y que no puede comprar porque vive, bohemio, en alguna pensión perdida de San Telmo o Constitución. Nada de eso. Según los libreros consultados por Radar, ahora los robos están organizados minuciosamente. Por ejemplo, con maletines o bolsos especialmente forrados con aluminio para evitar que suene el mecanismo de alarma a la salida, o con estrategias de distracción en las que intervienen varias personas. Pero estos ladrones no roban por amor al arte sino que lo hacen -como lo hacen con cualquier mercancía- por su valor de reventa.

“Ojalá nos robaran un libro por día para uso personal”, se lamenta Luciano Levín, encargado de Librería Gandhi con diez años en el oficio. El robo es uno de los problemas clave en el manejo de esa librería, de las más tradicionales de la calle Corrientes, que pierde unos 1.000 pesos semanales en manos de los profesionales del hurto. Levín cuenta que alguna vez llegó incluso a armar un ranking con los libros más robados allí, en el que figuraba al tope Eduardo Galeano con “Las venas abiertas de América Latina” seguido por Borges y Saramago, y lecturas más clásicas para adolescentes como Jack Kerouac o Charles Bukowski.

Pero la cosa ha cambiado de escala. “Acá nos han llegado a robar de un saque los veinte tomos de las Obras Completas de Freíd”, dice Levín. “Otra vez fui al estand de Anagrama y vi que faltaba todo Ian McEwan”. Algo está claro, los robos los hace gente que vive de esto y lo robado no va a parar a la biblioteca de un fanático. O al menos no directamente: “Una vez me pasó que me faltaron 40 libros de Asterix y después los encontré en uno de los parques donde se venden usados, con el precio en la primera página escrito a mano por una compañera”, dice Levín, quien termina con un dato concluyente: “Si vas un domingo temprano a los parques (donde se revenden libros no-siempre-usados) vas a ver a tipos con handy levantando pedidos”. Para completar el panorama, Carlos, vendedor de Prometeo Libros, cuenta que si bien por las dimensiones del local que atiende en la calle Corrientes no sufren robos sistemáticos, sí ven la otra parte de la cuestión: cada día se aparecen seis o siete personas ofreciendo “libros usados”?, claramente “levantados” en otras librerías de la zona.

Por su parte, para Miguel de Ávila, de la Librería de Ávila (ex Librería del Colegio), otro de los clásicos porteños, lo del ladrón por necesidad literaria también es apenas un sueño romántico del que ya despertamos. “El ladrón hoy está institucionalizado, hay familias bien organizadas, con sus reducidores y todo. Ellos saben perfectamente bien qué robar, y ninguno roba para leer. Aquello que podía sonar simpático o contracultural, ya no existe. Hasta se roba por encargo, como sucede con el Código Da Vinci o las Obras Completas de Borges, que tienen la salida asegurada”, afirma De Avila. Respecto de la cantidad de libros perdidos, De Avila sostiene que no puede hacer el cálculo porque es difícil determinar el faltante en un local con 150.000 libros. Pero, a ojo, no es poco lo que falta.

Y, aunque hay anécdotas de peleas a golpes de puño entre libreros y ladrones literarios, tanto Levín como de Avila coinciden en que estos descuidistas no son violentos, entre otras razones posibles porque saben que gozan de una relativa impunidad: lo único que pueden hacer los libreros es decirles que no aparezcan nunca más, amenazarlos levemente y finalmente dejarlos ir. Además de la profesionalización del robo, los libreros destacan como novedad la participación de chicas en el asunto, aprovechando que “el librero tiene fama de baboso”, según Levín.

Como sea, la cuestión del robo se ha puesto tan peliaguda que constantemente se piensan mecanismos para burlar a los ladrones. La cadena de librerías Cúspide, aunque sufre de un modo desigual el robo en sus distintos locales (la sucursal de Corrientes al 1300 es una de las preferidas, mientras que a la de Corrientes al 1200, un local chico, apenas si logran robarles algo de vez en cuando), tiene pensado contratar un servicio especial de empleados sólo para controlar el afano, gente a la cual se le paga sólo por mirar y ver que nadie se vaya sin pagar. Este método preventivo es el que le está dando muy buen rédito a la librería y disquería Zival`s, en la esquina de Corrientes y Callao. Según cuenta el vendedor Daniel Lago, desde que incorporaron a una persona “de civil” que vigila a los sospechosos los libros afanados se redujeron a la mitad. Lago cuenta que ha detectado otro modus operandi al que recurren los ladrones no-espontáneos: arrancan de los libros los parches que hacen sonar las alarmas, luego dejan los libros con prolijidad en un lugar convenido para que después aparezca alguien impecablemente vestido y complete la faena.

Tomado con autorización de
http://www.pagina12web.com.ar/suplementos/libros

Referencia :

http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros10/noticias6.htm

Las diez cosas que detestan los clientes en una librería


Según una encuesta que realizó la asistente del Boletín RED LIBRERÍAS entre cerca de cincuenta visitantes asiduos a librerías, estas son las “Diez cosas que más detestan los clientes que sucedan en una librería”. ¡Ojo Libreros!

  1. La vigilancia poco discreta.
  2. Que no les permitan abrir los libros forrados con plástico.
  3. No cumplir con los pedidos.
  4. La arrogancia del librero.
  5. Ignorancia completa frente a lo que se pregunta.
  6. Servilismo
  7. Recurrencia en la consulta del computador.
  8. Mala presentación del librero.
  9. Libros en mal estado.
  10. Que no haya sillas para sentarse –acompañados de un rico café-, mientras se lee un libro y se toma la decisión de comprarlo.


Referencia. http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros6/banco.htm

El oficio de Librero hoy

El oficio de librero hoy

Hace cerca de nueve años, el 26 de noviembre de 1995, el librero alemán, radicado en Colombia, Hans Ungar, escribió el siguiente discurso con ocasión de recibir un homenaje. Sus palabras sobre la importancia del librero en el ámbito de circulación del libro siguen absolutamente vigentes. El texto fue publicado en Lecturas Dominicales de El Tiempo, que autorizó su reproducción.

Unas pocas palabras al verdadero protagonista de esta ceremonia. No se asusten, que no voy a hablar de mí. Voy a hablar del libro. Últimamente, con mucha frecuencia he oído decir a los entusiastas de la ciencia informática que la era de los libros está llegando a su final y que estos serán reemplazados por los fríos computadores. Afirman, asimismo, que estos no solamente constituyen un instrumento de trabajo muy útil, sino que cumplen un fin muy importante, al facilitar la lectura de libros. Yo no creo que esto sea así, y mucho menos aún deseo que ocurra. Hasta ahora no he encontrado a la primera persona que por medio del computador haya leído la Iliada, la Odisea, El Quijote, Guerra y paz, La montaña mágica, Cien años de soledad o cualquier otra obra maestra de la literatura universal. Sin querer o pretender entrar a calificar o a juzgar a las personas que defienden la informática como un fin o a aquellos que aman los libros, lo que sí es absolutamente cierto es que cada uno representa dos mentalidades diferentes e incluso incompatibles.

Definitivamente, no creo que la era de los libros haya tocado a su fin y estoy seguro de que habrá buenos libros y buenos lectores por muchos más siglos y milenios. Recorrer las páginas de un libro significa no solamente pasar ratos de ocio y divertimento, sino disfrutar de los placeres que proporciona y de los beneficios espirituales que prodiga el libro al ser humano. Haber logrado escribir libros que atraen por su contenido, distantes de los peligros de producir deformaciones en las mentes de los jóvenes, es satisfactorio. Porque si de gentes maduras y cultas se trata, éstas saben que el conocimiento y el enriquecimiento intelectual nacen de un discreto y agudo proceso investigativo, y que en esto, precisamente, radica el éxito de la personalidad. La cultura literaria, el análisis profundo del ensayista, la inspiración poética y artística, llevan a pensar que un hombre es culto puesto que reconoce y domina el hábito de la lectura en sus diferentes manifestaciones y matices.

El libro despierta variadas sensaciones, atrae y subyuga la inteligencia, refuerza la formación universitaria o académica de un profesional y lo sostiene en el ámbito de la preeminencia y la superación, porque le permite estar al tanto de los acontecimientos que aparecen cotidianamente en el ámbito cultural. El libro ha sido siempre el instrumento más eficaz para entender y analizar los fenómenos conceptuales de la vida. No se concibe que los hombres se sustraigan de la imperiosa virtud del estudio, discreto y severo, en grandes vigilias, y esta es la tarea fundamental que desempeña el libro como elemento esencial de la civilización y de la cultura.

En mi actividad de librero he podido apreciar la nobleza de sentimientos que inculca la lectura de un buen libro. He llegado a la conclusión de que el espíritu humano es el resultado de lo que expresa el libro, porque extirpa aquello que pudiera considerarse como reprobable en la conducta humana. La belleza, e incluso la música con todo y ser una de las más hermosas manifestaciones del espíritu, llegan a través del libro si existe la propensión temperamental del sujeto.
Y así sucede con la pintura y la escultura, expresiones de la capacidad artística, donde, sumados a la indispensable disposición metal y psicológica, se requieren unos conocimientos previos que se adquieren a través de los libros. Y valga la oportunidad para decir ahora que al hablar del libro estoy hablando de mi condición de librero, en la que es necesario tener conciencia histórica del universo y conocer a los hombres en las diversas etapas de la vida como personajes predestinados por su propia formación cultural.

Referencia: http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros4/Punto2.htm

Recetas para un librero ganador

Recetas para un librero ganador

En junio de 2003, en medio de un seminario organizado por el CERLALC y el FCE, sobre metodologías de formación a agentes vinculados con el mundo del libro, se estableció una mesa de trabajo -dirigida por Ricardo Nudelman- dedicada a establecer cuáles deberían ser las competencias y conocimientos de un buen librero. Estas son algunas de las respuestas.

  1. Un buen librero debe saber comprar. No hay buen venta si no hay buena compra. Debe saber elegir para el público al que trata de llegar.

  2. Los libreros de sala deben saber recomendar, conocer la oferta, tener la capacidad de ofrecer alternativas al cliente. Es clave que desarrolle una tecnología de análisis de catálogos.

  3. Un librero competente conoce y maneja las tecnologías. Debe manejar bases de datos. No solo consultarlas sino también dotarlas de contenido. Es claro que aunque no es ingeniero de sistemas, si puede pedirle a este o un creador de software qué necesita para sistematizar la información de su librería. Debe estar al día en la sistematización de los inventarios, de la contabilidad y de hacer seguimiento de pedidos.

  4. Un buen librero tiene capacidad de gerenciamiento. Además conoce de derecho comercial, laboral, tributario en aquello que puede afectar su negocio.

  5. Los libreros competentes organizan en sus librerías un eficiente sistema de Servicio al cliente. La competencia, la variedad de oferta, obligan a privilegiar el servicio sobre otros factores (como el precio, p.e.) para diferenciarse de la competencia. Estos libreros planean cómo enviar los libros a domicilio, un servicio telefónico que le facilite a los clientes comunicarse rápidamente con la librerías, ver los catálogos en línea, prever lo del estacionamiento de los carros, pagar con tarjetas débitos y crédito. Además de lo tradicional: buen trato, orientación especializada.

  6. Un librero eficiente conoce su competencia. Tiene comprensión cultural y comercial del entorno y adapta prácticas exitosas de otras librerías. Busca, además, agremiarse para lograr objetivos comunes. Si le es posible, organiza bases de datos conjuntas accesibles para todos. Referencia : http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros1/banco.htm

Problemática de las librerías en América Latina

PUNTO DE VISTA

El ex presidente de CAPLA (Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines) e integrante del comité editorial del Boletín RED LIBRERÍAS nos ha enviado la siguiente columna.

Problemática de las librerías en América Latina

Por Ecequiel Léder Kremer

En estos últimos años he tenido la posibilidad de trabajar como colaborador del CERLALC en la coordinación de diversos talleres y conferencias para libreros de América Latina. Esto nos ha servido para establecer desde CAPLA un análisis comparado de situaciones en las distintas regiones de nuestro continente. Distintos países, distintas librerías, cadenas de librerías o librerías unipersonales, y siempre, una y otra vez, los mismos problemas, las mismas dificultades y las mismas carencias. Pero también las mismas convicciones, la misma vocación, las mismas certezas.

Dejando sentado que el principal problema educativo de la región fue y sigue siendo las condiciones paupérrimas de vida de una gran parte de la población, algunos de los problemas intrínsecos del sector que los libreros destacan una y otra vez son:

- Piratería editorial. En la casi totalidad de nuestros países, con distinta intensidad, los libreros debemos enfrentar una comercialización a toda luces ilegal. Una acción devastadora para autores, editores, distribuidores y libreros. Debemos trabajar para que los organismos de estado, los legisladores y también la opinión pública entiendan que la piratería y la reprografía ilegal no producen finalmente un mejor acceso al conocimiento, sino por el contrario, una degradación del mismo que golpea y desintegra los catálogos editoriales, empobrece a los autores y extingue a las librerías.

- Falta de hábito de lectura. La lectura como tantas otras conductas adquiridas surge, muchas veces, según nos dice Michell Petit, como un gesto de imitación vinculada a lo libidinal, al deseo. El lector consistente, quien lee por propia decisión, lee porque desea hacerlo, no como producto de un acto de imposición autoritario. Los caminos que conducen al deseo son muchas veces (por suerte) difíciles de anticipar. Es por ello que necesitamos de campañas de fomento del libro y la lectura que sean creativas, intensas y constantes. Necesitamos posicionar al libro en los medios de comunicación, no como un objeto de uso obligatorio y moralizante sino como una actividad apasionante, enriquecedora y conveniente. Leer es un placer, genial, sensual. Leemos cuentos, novelas, ensayos, historia, política, ciencias. Leemos, disfrutamos e incorporamos un conocimiento que cambia nuestra conducta y visión del mundo. Somos, a partir de este enriquecimiento que nos produce el contacto con el conocimiento, más eficientes, atractivos, sensibles, tolerantes y receptivos. Y el conocimiento está en los libros.

- Falta de poder adquisitivo en el público consumidor. Este fenómeno, real por cierto, encierra alguna falacia. En 1998 CAPLA (Cámara argentina de Papelerías Librerías y Afines) conjuntamente con la CAL (Cámara Argentina del Libro) y la dirección de Bibliotecas Municipales de la ciudad de Buenos Aires, realizó una encuesta cuyo objetivo era analizar el comportamiento del consumidor de libros. Y de los no consumidores. Se estableció un relevamiento cuantitativo sobre algunos casos, encuestas realizadas en puntos de venta, y también se trabajó en profundidad con grupos de lectores y no lectores. Si bien uno de los obstáculos en el acceso al libro, declarados por parte de los lectores tenía que ver con el precio, los grupos de no lectores lo ponían junto con la "falta de tiempo" como el principal impedimento para el consumo y uso de los libros. Lo notable es que estos no lectores no conocían prácticamente los precios de las diversas ofertas que en materia de libros ofrecía el canal de comercialización. El precio aparece como una excusa prejuiciosa a la hora de justificar la no lectura. Pero también como un déficit de nosotros, los libreros. En un mercado muchas veces superproductivo, donde el exceso de oferta, los demasiados libros, hace que se envíen permanentemente libros al saldo o a listas de mitad de precio, siempre debemos encontrar un libro adecuado en contenido y precio para cada potencial consumidor. Y esta es tarea del librero. Nunca debemos permitir que un cliente se vaya de nuestra librería sintiendo que no puede comprar nada porque toda nuestra oferta está mas allá de su capacidad de consumo. El mix de precios debe estar permanentemente presente a la hora de definir nuestra propuesta al público. También cierto es que algunos editores tienen la mano un poco pesada a la hora de fijar el PVP de sus libros. Por supuesto, en situaciones extremas el principal problema económico de la gente tiene que ver, antes que con el libro y la lectura, con el hambre.

- Falta de una ley de precio único que normalice el mercado, garantice el precio justo de los libros, y dirija la competencia al terreno del servicio y las bondades intrínsecas del producto libro. Los dos únicos países de habla hispana que cuentan con una ley de precio único son España y Argentina. En España hace unos años atrás determinaron la excepción de los libros de textos para dicha ley, aunque en la actualidad están estudiando volver a incorporar a los textos en el marco de la ley.

- Competencia desleal. Fundamentalmente la producida por el estilo de comercialización que llevan adelante algunas editoriales. El librero es ignorado como intermediario natural y conveniente. Acciones de venta directa, sobre todo en el sector de textos primarios y secundarios, a un precio sensiblemente inferior al costo neto del librero dejan al mismo fuera de carrera, como convidado de piedra. Las editoriales se lanzan a una competencia por precio, transformando a sus promotores en agentes de venta e improvisados libreros ambulantes, al mismo tiempo que padres, maestros y profesores devienen en encargados de compra. El festival de descuentos dentro de las escuelas comienza y nadie sabe dónde para, amenazando la rentabilidad misma de las editoriales que en algunos casos venden al costo o bajo el mismo con tal de lograr la adopción de su texto. No faltan testimonios sobre prácticas muy poco transparentes acerca de ofertas al docente de beneficios que poco tienen que ver con lo pedagógico. Las ventas directas, las ventas comunitarias, no solo debilitan al librero y al editor económica y financieramente, sino que además tienen la nociva consecuencia de sacar al publico de las librerías que van perdiendo sus tradicionales temporadas. Es necesario que con o sin ley de precio único editores y libreros pactemos nuevamente reglas de juego claras y convenientes para todos los actores.

- El libro debe tener un PVP único y este debe ser respetado por toda la cadena comercial. El editor, que es quien está en posesión del producto debe ser el principal garante del acuerdo. No faltarán terrenos donde se de la competencia. Pero por servicio, por asistencia, por completitud o por cualquiera de las muchas variantes que el público valora.

- Falta de personal competente. En muchos países conseguir personas que acrediten una formación formal o no formal, con una superficie de contacto amplia con el mundo de la cultura es sumamente dificultoso. La falta de instancias de capacitación agrava este problema.

- Falta de herramientas modernas para la gestión de la librería. La ausencia muchas veces, por ejemplo, de un programa de gestión adecuado que facilite la evaluación y administración eficiente de los stocks causa grandes pérdidas a los libreros.

¿Y las soluciones?

Necesitamos editores y libreros que se visualicen mutuamente como aliados estratégicos. Editores que asuman que la librería es el lugar de privilegio del libro y libreros profesionales que den respuestas adecuadas a los requerimientos del público y de las editoriales. Un canal donde la información sobre libros circule del editor al librero y viceversa en forma fluida y eficiente para llegar al público lector en forma clara y tentadora. Para apoyarnos mutuamente en una gestión eficiente que racionalice al máximo los recursos puestos en juego por cada una de las partes.

Necesitamos instituciones empresarias dinámicas con real vocación de representación sectorial que incluyan a todos los involucrados en el proceso de producción y comercialización del libro. Y para esto deben existir proyectos, herramientas de análisis, y objetivos claros. El marketing de sector se presenta como una alternativa cada vez más necesaria para los pequeños y medianos libreros y editores. Lo que no podemos hacer cada uno individualmente probablemente podamos hacerlo entre todos.

Los libreros debemos defender nuestro lugar preponderante en la circulación del libro. Reconociendo nuestros carencias. También nuestras fortalezas y potencialidades.

Como decimos desde hace un tiempo, el olfato del librero, sus lecturas, su experiencia y su pulso siguen siendo la herramienta más valiosa con que podemos contar, y que hace la diferencia entre un lugar donde se apilan y venden libros y una librería. Los lectores saben apreciar esto.

Bibliografía sugerida

Tanja M. Ringenwaldt Manual para libreros. Herder. Barcelona.2000

Sagastizabal, Estévez y otros. El mundo de la edición de libros . Paidós. Buenos Aires.2002

CA.PLA Estudio sobre hábitos de lectura y mercado del libro. Catterberg y asociados. Buenos Aires. 1998

Epstein Jason. La industria del libro. Anagrama. Barcelona 2001.

Zaid Gabriel. Los demasiados libros. Anagrama. Barcelona.1996

Shatzkin Leonard. Cómo seleccionar títulos rentables. FCE . México. F. 2004

Schiffrin André, La edición sin editores. Destino Barcelona. 2000

Diderot, Denis. Carta sobre el comercio de libros. FCE. Buenos Aires 2003

Herralde Jorge. El observatorio editorial. Adriana Hidalgo. Buenos Aires 2004

Federación de gremios de Editores de España. Precio fijo del libro ¿Por qué?

Referencia: http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros9/Punto1.htm

Manual del Librero

EL BANCO DEL LIBRERO

Como libro de introducción a la administración de librerías, pero también como manual operativo con respuestas altamente eficientes, La librería como negocio. Economía y administración, se convertirá –gracias a esta traducción hecha por el FCE en su colección Libros sobre Libros, dirigida por Tomás Granados- en un clásico de consulta.

Los autores son Tiziano Vescovi, Giorgio Brunetti, Umberto Collesei, Ugo Sostero, todos ellos docentes en la prestigiosa Escuela para Libreros Umberto y Elisabetta Mauri de Milán, Italia.

Los contenidos del libro son soberbios y se ha intentado mirar la librería desde varios puntos de vista: el cultural, el administrativo, el de marketing, el financiero y el publicitario y el de comunicación. Un acierto editorial del siempre entusiasta Tomás Granados, editor de la colección, y quien amablemente nos ha autorizado reproducir una parte del capítulo III del libro: “La orientación al mercado”.

LA LIBRERÍA COMO CENTRO DE SERVICIO AL CLIENTE

Como cualquier estructura de distribución, la librería genera y vende una serie de servicios al comercializar los productos. Pueden ser muy tradicionales los típicos servicios comerciales— o más sofisticados e innovadores, según la necesidad de responder a las crecientes exigencias de los clientes y a la diferenciación de la competencia. De todas maneras es importante que el librero considere la librería como un centro de servicio al cliente, el punto de referencia para satisfacer las necesidades culturales, de información, de conocimiento, de diversión y de crecimiento.

Estas consideraciones de carácter general dependen de las características propias de una estructura comercial. La librería es parte del canal de distribución del libro, puesto que participa en el proceso de transferencia del libro desde el productor hasta el consumidor, volviéndose provisionalmente dueño del producto durante algunas fases de ese proceso. Los canales de distribución del libro pueden ser directos o indirectos. En el primer caso, el producto pasa directamente del editor al lector a través de la venta directa, a domicilio, por correo o en las ferias. En el segundo caso entran en juego intermediarios comerciales, por lo general con una estructura de ventas al mayoreo y al menudeo.

Cuando las estructuras mayoristas están presentes se habla de canales largos, mientras que en su ausencia el canal se considera corto. La presencia de los intermediarios se justifica económicamente por el grado de eficiencia que aportan al proceso de distribución y por el conjunto de servicios evaluados positivamente por el consumidor. La función primaria de los intermediarios tiene que ver con la capacidad de prestar servicios comerciales especializados en forma más eficiente que otros actores del canal comercial. Esta es la justificación económica general de la existencia de las librerías.

La función económica típica de la librería en la dinámica producción-distribución-consumo es prestar servicios de intermediacion comercial, es decir, de conectar la producción de libros con el consumo. Los servicios de intermediación comercial comprenden funciones que generan una serie de costos, los cuales, teóricamente, pueden cargarse en cualquier punto del canal comercial y convertirse en problema del productor, el intermediario o el consumidor mismo. Los costos relacionados con las diversas funciones son, por lo tanto, cubiertos por uno u otro actor; el problema económico tiene que ver con qué estructura del canal puede desarrollar determinadas funciones y cuáles se desarrollan con más eficiencia, de forma que se reduzcan los costos globales del proceso distributivo. La distribución al mayoreo o al menudeo justifica su existencia por su capacidad de ofrecer servicios relativos a algunas o a todas las funciones comerciales en forma más eficiente que otros protagonistas del canal, los editores y los consumidores.

Los principales tipos de función comercial de una librería identifican sobre todo los aspectos físico-mercadológicos relativos al reagrupamiento o fraccionamiento de bienes homogéneos (compra de grandes cantidades de un título para luego vender ejemplares individuales, agrupamiento de libros y otras mercancías en un paquete promocional), a la constitución de inventarios o surtido de bienes (comprados a diversos editores para constituir un surtido más amplio y profundo por tema o género), al almacenaje (almacenaje de libros para tener disponibilidad continua) y al transporte (disponibilidad de los libros en lugares diferentes del de la producción).

Las funciones comerciales se refieren a la relación e intermediación que ocurre entre un proveedor de bienes y quien los utiliza, pues tanto el editor como el lector tienen una escasa capacidad de encontrarse directamente en el mercado. Las funciones de compra y venta son típicas de cualquier actividad comercial y, en el caso de las librerías, son específicamente de compra de títulos y venta de ejemplares, que se articulan con los porcentajes de descuento y los descuentos por volumen (por ejemplo cuando se ofrece el undécimo ejemplar gratis).

En la librería pueden alcanzar notable importancia las funciones de asistencia y consulta, que dependen del tipo de venta elegido y pueden adoptar diversas formas y cantidades. Una librería de autoservicio incorpora parte de estas funciones en las decisiones de exhibición y mercadotecnia, así como en el acceso a la información computarizada, mientras que una librería especializada hace énfasis en el inventario y una librería tradicional en la intervención del librero, que siempre está presente y puede convertirse en una ventaja competitiva para la librería. El riesgo comercial está fuertemente atenuado por el mecanismo de los descuentos, pero no se pueden ofrecer muchas garantías, en vista de las características del producto vendido.

Las funciones económico-financieras de la librería se refieren principalmente al financiamiento a la clientela, puesto que la posibilidad de modificar los precios está notablemente limitada. El financiamiento a la clientela puede asumir varias formas: diferición de pagos, pago en cuotas, cuenta corriente notas de crédito. Las formas y las condiciones se discriminan de acuerdo con el cliente y el tipo de producto vendido (grandes obras, colecciones, títulos individuales, etcétera).

Las funciones de comunicación se refieren tanto a los aspectos de información como a los de comunicación y promoción comercial. Sin embargo, no hay que olvidar la función informativa que la librería desempeña con sus proveedores, los distribuidores y los editores. Esta información mejora la operación de los flujos logísticos, la composición de los inventarios y, remontándonos a los inicios del proceso, a producción de libros.

En lo que respecta al consumidor, se trata de un tema importante que comprende una numerosa serie de actividades que van de la publicidad y la mercadotecnia a la venta personal, cuya complejidad hace que sea necesario vigilarla con cuidado, así como a los aspectos relativos a las funciones psicosociológicas, es decir la relación personal con la clientela, y a la atmósfera del punto de venta.

Más allá del desarrollo de las funciones de comercialización tradicionales, la librería puede construir una oferta más completa de servicios para su clientela. En la definición de las características del servicio hay cinco aspectos comúnmente considerados.

  • intangibilidad: la falta de realidad física o el nivel de intangibilidad del servicio puede ser de diferentes magnitudes, desde una intangibilidad pura (consejo e información por parte del librero) hasta una intangibilidad baja (envolver un libro para regalo). Para el consumidor es difícil percibir esta condición, y tal vez también valorarla. Con frecuencia el cliente la percibe sólo en negativo: se da cuenta cuando falta pero no cuando está presente;
  • inseparabilidad: requiere la presencia personal del librero y del cliente. Esto significa que durante la prestación del servicio existe una relación personal, y que la calidad del servicio depende tanto de la persona que lo presta como de la que lo recibe; mientras mayor es la sintonía y la comunicación entre ambos, mejor es el servicio resultante;
  • heterogeneidad: por las mismas razones que la inseparabilidad, el resultado de la producción del servicio no puede estandarizarse, por lo que su control es más difícil y su calidad, que varía según el librero y el cliente, es más incierta;
  • contemporaneidad: es la simultaneidad que existe entre la producción y el gasto; el servicio, por lo tanto, no puede producirse anticipadamente para ofrecerse rápidamente en el momento en que se solicite, sino que se produce en presencia del cliente, aunque algunos elementos tangibles pueden preparase con anticipación, reduciendo el tiempo de producción en presencia del consumidor;
  • propiedad: a diferencia de un bien, el servicio no tiene un propietario; es producido y disfrutado simultáneamente; no existe un paso del vendedor al comprador, pues el que compra sólo puede identificar aproximadamente lo que le ofrecen cuando deja de obtenerlo.

En general podemos afirmar que, en un continuo que tenga en un extremo la materialidad y en el otro la inmaterialidad, la oferta de la librería se sitúa en el segundo extremo pues, si bien comprende bienes y servicios, deposita un peso mayor en estos últimos.

El proceso de definición del tipo y la cantidad de servicios a prestar comienza con la fase de identificación del beneficio solicitado por el cliente (por ejemplo, información bibliográfica). Se trata de entender con claridad cuáles son las necesidades del consumidor cuando compra libros, qué servicios complementarios le gustaría encontrar durante las varias fases del proceso de compra, y qué le parecería más enriquecedor y atractivo de la compra.

El paso siguiente es la definición del concepto de servicio, es decir la identificación de la idea básica y de los beneficios generales que deberá ofrecer el servicio (información bibliográfica personalizada por cliente-tema, a domicilio, actualizada mensualmente). Este es un primer esbozo general de lo que será el servicio, comprendido por el beneficio clave y los principales elementos periféricos, necesarios para establecer la posición que el servicio ocupará en la mente del consumidor y el camino que deberá seguirse para ofrecerlo.

La tercera fase consiste en definir precisamente la oferta de servicio, es decir su forma detallada, que incluye los elementos constitutivos, tangibles e intangibles, del servicio (catálogo de títulos en papel, carta de presentación en papel membreteado, publicidad editorial, breve descripción de los títulos principales, sistema de distribución -correo, mensajería, fax—, etcétera), la forma que tomará (texto de la carta, organización de la bibliografía -por autor, título, editorial, etcétera-, dimensiones) y el nivel tanto cualitativo como cuantitativo del material (calidad de los materiales usados, número límite de títulos, profundidad de la reseña, títulos nacionales o extranjeros, fotocopias, ilustraciones).

La última fase concierne a la organización del sistema de distribución del servicio, es decir las decisiones sobre qué personal deberá invertirse (quién se va a ocupar), las características y aptitudes que debe tener, los procesos (cómo se escribirá la reseña, la selección de la clientela interesada, la actualización de las direcciones, la corrección de los textos, etcétera), los equipos necesarios (computadora, revistas, textos, base de datos, impresora, espacio físico, teléfono, fax, etcétera).

Aunque el objeto de la compra aparece físicamente en forma de libro o mercancía afín (videocasete, mapa, etcétera), la acción directa del librero, su actividad, se centra en la producción de servicios; mientras más pueda activar este tipo de producción, más podrá su oferta distinguirse de la competencia y volverse visible, perceptible y atractiva para el consumidor.

El proceso de definición del servicio y el uso que le da la clientela de la librería suceden dentro de un sistema de servicio que comprende cinco elementos interconectados: el cliente, la cultura de servicio de los encargados de la librería, el paquete de servicios propuesto, el sistema de suministro y la imagen de la librería.

Con sus expectativas y sus necesidades, el cliente ayuda a determinar tanto la definición del tipo de servicio que debe ofrecerse como el modo en que ha de operar, en función de la necesaria interacción que debe existir entre el cliente mismo y el personal de la librería para que se produzca el servicio. Además es indispensable considerar los diversos tipos y varios segmentos de clientes presentes en la librería para poder definir los servicios y los diversos niveles de servicio en que hay que invertir.

La cultura de servicio de los trabajadores de la librería se determina mediante valores compartidos por todos en la organización (por ejemplo la satisfacción del cliente, la disponibilidad para satisfacer sus solicitudes, la amabilidad, etcétera), los rituales que refuerzan los valores (por ejemplo el premio por la solución más brillante a un problema de servicio) y los mitos (por ejemplo la figura del fundador o del empleado veterano), todo lo cual sirve de referencia en la prestación del servicio. Si la cultura de servicio es muy fuerte, cada empleado podrá actuar haciendo frente a las continuas excepciones, con facilidad y sin temor a equivocarse o sin recurrir con excesiva frecuencia al consejo de otros, superiores o colegas. Se creará, además, un modus operandi típico de la librería, que constituirá parte de su imagen y podrá distinguirla de la competencia.

El paquete de servicios comprende todos los servicios potenciales con que cuenta la clientela. Se trata tanto de servicios presentes normalmente en todas las ofertas, destinados indistintamente a todos los consumidores, como de servicios específicos para segmentos o personas particulares, que sólo les resultarán útiles a los grupos de clientes para los que fueron diseñados. Las dimensiones del paquete de servicios describen la amplitud de la oferta de servicio y el valor potencial que la librería espera de su mercado. Determinan, además, la relación de competencia que busca instaurar, las armas de defensa y de ataque en la confrontación con los competidores. El paquete está compuesto, normalmente, por servicios relativos al surtido (amplitud, profundidad, número de secciones, especialización), actos (presentaciones, encuentros, muestras, promociones), información (impersonal, personal, en el punto de venta, a domicilio, etcétera), ayuda (localización de títulos, consejo) y manejo del tiempo (cola para la caja, espera para ser atendido por el librero, tiempo de prestación del servicio).

El sistema de suministro se refiere a la modalidad y los equipos necesarios para la producción y suministro del servicio. El tipo de venta escogido por la librería, asistida o de autoservicio, delimita el sistema principal de suministro del servicio de venta, asignando a la librería una identidad más fuerte. Se consideran, además de las tecnologías utilizadas, la disposición, es decir el acomodo de los equipos y los recorridos que se sugieren a la clientela, y el sistema de exhibición de los libros y de otras mercancías presentes en la librería. El sistema de suministro debe contemplar los horarios de apertura y los días hábiles, que pueden aumentar o reducir la percepción del servicio ofrecida por la librería, y la cantidad y el papel del personal presente en la librería.

Un último elemento, no menos importante, es la imagen de la librería, constituida por la notoriedad de que disfruta el punto de venta, de los símbolos relacionados o contenidos en ella, como el logotipo, el nombre, el papel cultural que desempeña en la comunidad, el público que la frecuenta y la comodidad. La percepción de la imagen, influida por otros aspectos que ya consideramos, contribuye a definir el posicionamiento de la librería, a distinguirla de las otras y a identificar las ventajas del servicio que puede obtener el cliente en ella.

De hecho, a diferencia de otros tipos de comercio, que con frecuencia gozan de la exclusividad de mercancías y productos para un territorio, la librería raramente posee instrumentos para diferenciar su producto, por lo cual debe basar la creación de su identidad específica y la diferenciación de la competencia en elementos de servicio y atmósfera.

Referencia: http://www.cerlalc.org/nuevo_boletin/08/RedLibreros9/banco.htm