Desde el 17 de Agosto han surgido voces en varias redes el aviso de una carta del cierre de la Editorial ERA,
La Carta de la despedida y posteriormente comentarios interesantes encontrado en la redes
Foto del muro de facebook de Jaime Martínez Ochoa
https://www.facebook.com/jaime.martinezochoa?locale=es_LA
Desde el Perfil del Poeta Jorge Humberto Chavez
https://www.facebook.com/jorgehumberto.chavez?locale=es_LA
Comparto este comunicado de Julián Herbert porque la sevicia y la deshonra deben señalarse. La poesía está en otra parte. Y ERA hizo historia.
Es caso de estudio lo que sucede con ERA. La mala gestión de esta editorial que teniendo varios títulos best sellers no puede sobrevivir. Más curioso que a últimos años sólo publicaba con onerosas coediciones con universidades o secretarías estatales. Evidentemente hacía décadas que dejó de ser la ERA de vanguardia, de grandes artistas visuales en sus portadas o formatos memorables. Marcelo Uribe tuvo a escritores que estaban en bibliotecas de aula, qué falló. Tras la salida de José Emilio Pacheco de su catálogo, con gran polémica incluida por el pago de regalías, se descarriló totalmente ERA. ¿Entonces ERA vivía de las ventas de JEP? ¿Ni Monsivais ni Poniatowska ni José Revueltas podían sostener la inversión? Muchas preguntas alrededor de uno de los catálogos más destacados de la literatura mexicana
Por Gulliermo Schavelzon
https://www.facebook.com/gschavelzon
ERA. Crónica de un cierre anunciado
Cuando una editorial como ERA (México) cierra, no se puede culpar —como dicen en una penosa carta— a que el mundo del libro cambió, porque eso es una obviedad. Cierra porque sus gestores no supieron ver, entender ni actuar frente al cambio. No solo sucede en la industria editorial: todo cambia, si hoy quisiéramos enviar un mensaje urgente por correo postal, no hay duda de que llegaría tarde, o se perdería. ¿Echaríamos la culpa al correo, o a quien lo envío?
Que esto es así, lo demostraron los propios fundadores, que hicieron una editorial que era todo lo contrario de lo que se hacía hasta entonces: géneros, ideología, autores, contenidos, alta calidad gráfica, diseño de vanguardia, todo lo opuesto a la tendencia del mundo Novaro, que lideraba entonces. ¿Alguien recuerda a las Librerías de Cristal? La de la Alameda era exitosa cuando todavía no había cadenas de librerías en España ni en Latinoamérica.
Las editoriales —como cualquier otra empresa— que no pueden cambiar, necesitan al menos ese instinto de sobrevivencia para venderse a tiempo, o pedir ayuda profesional. Quedaría muy bien -no sé ante un público que ya no existe, decir “Preferimos cerrar a antes de vender a un grupo multinacional”, pero estoy convencido de que la verdad es que no quedaba nada para vender. Esto a Neus Espresate (una de las fundadoras) jamás le habría sucedido.
Asumir la dificultad de adaptarse a la época no es habitual. ¿Qué sería de Siglo XXI si hoy hiciera lo mismo que hace cincuenta hacía Orfila Reynal, cuando la fundó? Y así hay docenas de casos exitosos y también de fracasos. Todo cambia, a veces nos gusta y otras no.
El cierre de ERA se veía venir desde hace años. Persistieron sin entender la situación, y como ellos mismos dicen en una carta, si las ventas venían cayendo desde hace años. ¿no fue una clara señal? La venta de libros en México, aumenta, es una industria sólida, funciona, y lectores… cada vez hay más-
Pensemos en un paralelo imaginario: si la presidenta de México quisiera negociar con su vecino del norte como lo hizo en su momento el Benemérito, Benito Juárez, ¿cuántos días habría durado su gobierno? ¿podría decir “me voy, porque nuestro vecino del norte ya no es el de antes”?.
Las editoriales no cierran ni quiebran por culpa del mercado, sino por culpa de quienes las dirigen. Lo sé porque me dedico a ello, porque veo lo que pasa alrededor, y también y muy especialmente por experiencia propia.
Qué tristeza ver cerrar un proyecto que fue la vanguardia de la edición moderna para toda Latinoamérica.
Por Hugo Vargars Comsille
https://www.facebook.com/hvargascomsille
Ayer por la tarde, al darse a conocer el cierre de la Editorial Era, leí algunas opiniones delirantes sobre los motivos del cierre. Todas mencionaban dos causas, dos: al carencia de hábitos de lectura y —¡por supuesto!— las políticas culturales de la 4T. Hubo quien afirmó que la izquierda había cerrado la editorial de la izquierda (¡).
Nadie puede defender la política cultural de los dos últimos sexenios, pero tampoco debemos ignorar que en México nunca hemos tenido políticas culturales consistentes. ¿Qué sucedió con la ley del precio fijo para el libro? Nada, el foxismo decía que eso iba contra el sacrosanto mercado y la ley, que hubiese permitido la sobrevivencia de las pequeñas librerías, quedó en el limbo. Y como aquel ranchero creía que mientras más grande mejor, mandó levantar una enorme como inútil biblioteca, con un costo inicial proyectado de unos mil millones de pesos, pero que sobrepasó los 2 300 millones. Con ese monto se hubiese podido construir un verdadero sistema nacional de bibliotecas. NINGUNO de los comentarios sobre el cierre se refirió, ni por asomo, a la gestión de la propia editorial. Supongo que para no distanciarse del querido Marcelo Uribe, quien se rompió la espalda durante estos años para sacar adelante a la editorial.
Pero el mundo del librito es implacable. Y más ahora que los grandes grupos dominan el panorama.
El maestro Schavelzon pone el asunto en su justa dimensión: “Cuando una editorial como ERA cierra, no se puede culpar —como dicen en una penosa carta— a que el mundo del libro cambió, porque eso es una obviedad. Cierra porque sus gestores no supieron ver, entender ni actuar frente al cambio. No solo sucede en la industria editorial: todo cambia, si hoy quisiéramos enviar un mensaje urgente por correo postal, no hay duda de que llegaría tarde, o se perdería. ¿Echaríamos la culpa al correo, o a quien lo envió? […] El cierre de ERA se veía venir desde hace años. Persistieron sin entender la situación, y como ellos mismos dicen en una carta, si las ventas venían cayendo desde hace años. ¿no fue una clara señal? La venta de libros en México aumenta, es una industria sólida, funciona, y lectores… cada vez hay más.
Del muro de Luis Gullermo Hermandez
https://www.facebook.com/luisghernan?locale=es_LA
La CRISIS (que no cierre) en Ediciones Era es una muestra clara de lo que ocurre en la Industria Editorial Mexicana:
Muere por SUICIDIO
El ámbito editorial en México está totalmente controlado por MAFIAS INTELECTUALES que vivieron exclusivamente de dinero público -becas, patrocinios, exenciones impositivas, premios, cargos- durante cuatro décadas:
Sólo
sus leales tenían acceso para publicar, recibir premios, becas y
apoyos
Prácticamente
TODAS las secciones culturales y suplementos literarios de los Medios
están controladas por uno de los suyos
La
mayoría de los Editores de la industria privada son miembros de sus
Mafias
Sus
autores se hicieron VIEJOS y no hubo relevo generacional: en
Ediciones
Era
el promedio de edad de sus autores de Novedades supera los 65 años![]()
Las
voces jóvenes quedaron EXCLUIDAS, a menos que fuesen amigos,
parientes, recomendados o protegidos de los Mafiosos Enrique Krauze y
Héctor
Aguilar Camín
y sus peones
Se
asfixió la PLURALIDAD... nadie que piense distinto tiene cabida,
espacio o mención: se impuso una sola visión del Mundo: la
Neoliberal... el disenso se castigó con SILENCIO
Viven
en el siglo XX. Para la industria editorial mexicana seguimos en los
años 80: mismas dinámicas, mismos procesos, mismos vicios
Dos
grandes corporativos Penguin
Libros México
y
Planeta de Libros México DEVORARON a prácticamente todas las editoriales que circularon en el Siglo XX: una TRAGEDIA
Las
escasísimas y heroicas editoriales independientes o ajenas a las
Mafias, están condenadas a la invisibilidad total, a la carencia
permanente y a la supervivencia raquítica
En materia de Literatura y la Industria Editorial en general, México vive SECUESTRADO por una camarilla de Mediocres, Vividores, Oportunistas y Mafiosos que defienden sus INTERESES como fieras heridas
Esa es la realidad, atroz, terrible

